Llevaba horas manejando, no había logrado la cuota y además tenía problemas con mi esposa. Eran las 4 pm y llega un requerimiento, tengo que buscar a un hombre llamado Carlos en un gimnasio a un par de cuadras.

Al llegar al lugar, han pasado 10 minutos y cuando voy a cancelar el viaje, aparece un chico de unos 23 años todo sudado, con cabello negro algo largo y recogido, piel blanca, cuerpo muy atlético pero no exagerado, ojos oscuros y unas cejas que enmarcaban una mirada seductora.

Vestía una franelilla roja que exhibían sus bíceps y su pecho trabajado con algunos vellos, unos short deportivos negro por encima de las rodillas y zapatos deportivos. Él sube rápidamente al carro en el asiento del copiloto y se disculpa amablemente por hacerme esperar, yo le digo “No hay problema” y comienzo a conducir.

Este chico era muy agradable y su conversación interesante me hacía sentir a gusto, además que sus musculosas piernas comenzaron a llamar mi atención pues notaba una cierta actitud como de coqueteo.

Yo tengo 30 años, casado con hijos y jamás he tenido algo con un hombre, aunque debo reconocer que algunos han llamado mi atención, sin embargo, con toda la presión social eso queda enterrado y descartado, pero Carlos era uno de esos casos y de paso estaba a mi lado.

Soy trigueño claro, cabello castaño de 1.78 de estatura, algo pasado de peso y siempre me han dicho que buen mozo, de buen ver. Carlos comienza a preguntar por mi vida observándome fijamente, su interés era mucho más que el de una conversación casual. Mientras tanto ambos estábamos apoyados en el apoyabrazos del centro del carro y en una curva nuestros brazos se juntaron y ninguno se movió.

Era la primera vez que buscaba tener un contacto físico con un hombre de esta manera y me estaba calentando que él lo mantuviera. Me puse algo nervioso, su sonrisa y su dentadura me parecían sexy, y yo pensaba: “Será por el tiempo sin sexo con mi esposa que mis hormonas están como locas”.

Entonces llegamos a su casa, él vivía en un anexo con entrada independiente que tenía rentado. Y antes de bajarse me dice:
—Te ves agotado, te gustaría pasar a tomarte algo y luego sigues.

Yo quería, pero mi instinto me decía que no debía, pero acepte. Cuando entramos a su anexo, no era muy grande algo tipo estudio. Carlos dice “qué calor está haciendo” y se quita la franelilla, en ese instante mi corazón saltó y una erección estaba despertando.

Su cuerpo de modelo perfectamente delineado me impresionó. Carlos busca una cerveza para mi y dice -“toma, siéntate y relájate” señalado un mueble frente a su cama.

Seguimos hablando y tomando pero yo no podía evitar mirar su cuerpo cada vez que se movía. Al pasar una hora le digo creo que mejor me voy estoy algo mareado y debo conducir a casa. Y él dice: “Si quieres puedes tomar una ducha para pasar el mareo, o esperas un rato más. Mereces relajarte, estás muy tenso”

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Mi pene se endureció por completo, lo quería besar, mi mente se nubló y solo veía su boca y me le lancé a sus labios. Carlos respondió besándonos muy apasionadamente mientras él llevaba su mano a mi pene para frotarlo y dice: “Sácalo me lo quiero comer!”

Me levanto y me desnudó por completo, él me ve, sonríe y dice: “Para haber tardado tanto te entregas rápido”
Yo con mi pene bien duro, poseído por el deseo y de pie frente a él le digo: “Comienza a mamar de una vez!”

Era un experto, lamia suave y chupaba con fuerza yo sentía que no aguantaría mucho. Entonces él me dice:
“Aún no acabarás, tienes que trabajar” Y se levantó, bajo su short y bóxer. Era la primera vez que tenía a un hombre excitado frente a mi. Carlos me toma del cuello y me besa nuevamente. Podía sentir nuestros penes en contacto, yo estaba entregado a la pasión de sus besos.

Luego dice: “Date la vuelta, me vas darás tú culo!” Yo no sé si realmente entendí lo que dijo pero me volteo y me arrodilló en la cama casi de forma automática. “Voy a ser tu macho de ahora en adelante”
Yo estaba fascinado por la situación, su olor, su cuerpo, su piel blanca y el alcohol que lo único que atiné a decir fue «si… yo seré tu mujer!».

Carlos comenzó a penetrarme de a poco, sacando y metiendo cada vez más profundo pero cuando entro completamente su delicioso falo de 19 cm comenzó a cogerme como una perforadora, su excelente estado físico le daban una resistencia asombrosa.

Yo sufría un poco de dolor pero el placer era muchísimo superior, estaba moviendo mi culo como muchas mujeres me lo hacían a mi, era delicioso ser la mujer de este hombre y le decía: “Vamos Carlos… sigue… sigue… este culo es tuyo!”

Carlos me acostó de lado y siguió cogiéndome con mucha fuerza, él era incansable y yo comencé a masturbarme. Y después de unos 20 minutos dándole a mi culo me dice: “Te voy a llenar ese culo de leche, prepárate”

Increíblemente aceleró aún más sus movimientos y gemidos, tanto que me hicieron acabar y mientras me estremecía por mi orgasmo el casi me violaba hasta que sus contracciones me avisaron que estaba acabando.
Quedamos en la cama un buen rato hasta que su pene fue disminuyendo y salió de mi culo. Podía sentir su semen salir de mi interior.

Fue entonces cuando entendí lo que había pasado y dije en voz alta:

Yo: no puede ser… — Era lo que yo repetía, acostado desnudó con un hermoso hombre a mi lado.
Carlos: cálmate, no es para tanto! Tú eres bien macho, pero hasta el más macho le gusta ser dominado. Además esto es entre tú y yo! Nadie tiene porque saberlo. Y cuando necesites desahogarte ya sabes dónde estoy…

Carlos me comenzó acariciar y yo al principio no quería pero mi pene comenzó a reaccionar nuevamente y me dice:
“Que te parece si dejas salir a ese macho y me coges” Y nuevamente mi mente se nublo y me lo cogí con furia casi en venganza, lo puse en cuatro y le daba nalgadas, de alguna manera trataba de recuperar mi hombría.

Se culo era redondo y firme no muy grande pero muy ajustado y caliente, además que gemía como puta haciéndome desearlo más. Y Carlos decía: “Cogeme duro… ahora eres mi macho… cogeme!

Y entre furiosas embestidas le solté grades chorros de semen en su interior! Realmente me sentía mejor. Me fui a duchar y al salir el seguía acostado medio cubierto con las sábanas y mientras me vestía él dice:
“Volverás…”
Yo: creo que si… — intercambiamos números

Ahora cuando estoy necesitado busco a Carlos y nos damos placer hasta más no poder, liberando al macho y la hembra que hay en mi.

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