Después de un día de trabajo necesitaba relajarme, no tenía planes de nada. Al salir, ya rumbo a casa recordé que cerca habían unos vapores y decidí dar una vuelta. Llegando pagué mi entrada, escogí un locker para dejar mis cosas, me desnudé para ponerme el trapo para la cintura que te dan y me dirigí al general.

Ahí encontré lo habitual, cuerpos desnudos de todas complexiones y edades, miembros bamboleantes flácidos y semierectos, escrotos colgados por el calor y ese olor único entre humedad y sudor de macho. De momento no vi nada que fuera realmente de mi agrado, así que preferí entrar al turco, que era un cuarto más pequeño y casi completamente oscuro.

Ahí solo podían apreciarse siluetas así que como pude encontré un lugar y me senté entre dos tipos, poco podía ver de ellos. Cerré los ojos, y me quité lo que traía en la cintura. Ya relajado de pronto sentí una mano recorriendo lentamente desde mi rodilla, deteniéndose brevemente a juguetear con el vello de la parte interna de mi muslo e inevitablemente acabando por tocarme los testículos. El tipo a mi derecha tomaba la iniciativa. Se acercó a mi y me susurraba ¿Te la mamó? A lo cual yo accedia con un si.

Siguió complaciéndose con mi verga en la boca por un par de minutos, cuando de pronto se detiene y me dice «Vamos afuera». Nos pusimos de pié, nos besamos, me agarró de la verga apretándola y jalandome de ella al exterior.

LO MÁS RECIENTE

Así cruzamos todo el lugar hasta el vestidor que él tenía reservado. Una vez que llegamos a la luz, caímos en la cuenta. Éramos compañeros de trabajo. Alguna que otra vez habíamos cruzado palabras, no daba señal alguna de ser gay. No soy muy fan de los cuerpos esculpidos a base de gimnasio, lo mío son hombres promedio, delgados, con algo de pancita, pero eso sí, muy masculinos y sobre todo velludos.

Este tipo, a quien llamaré Carlos, cumplía con todo eso, lo cual me excitaba más. Dejamos de lado lo sorpresivo del encuentro y decidimos continuar, mi verga escurría de precum, en ese momento, tomó una gota y se la metío a la boca, me decía que no quería desperdiciar. Se apresuró a sacar de entre sus cosas condones y lubricante.

Me colocó el condón con gran habilidad, no lo pensé más, lo puse boca arriba con las piernas al aire y comencé a penetrarlo. Al principio me costó un poco, después ya entraba y salía, pero aún sentía la presión que su culo hacia. Carlos gemía de placer.

Las estocadas iban cada vez más rápido, mis testículos golpeaban sus nalgas cada vez más fuerte, los jadeos aumentaban. De pronto nos encontramos en el clímax, terminábamos casi juntos, me estremecí, las piernas me temblaban y gritaba mientras toda mi leche inundaba su culo, él eyaculaba abundantemente llenando el vello de su pecho de semen.

Casi agotados los dos, saque mi verga todavía palpitando y el se puso de pié, me la chupó para recibir las últimas gotas de mi semen, lo tomé del cabello y lo apreté contra mi para que mi verga llegara al fondo de su boca. Después nos dirigimos a las regaderas, aún besándonos y con deseos de hacerlo de nuevo. A partir de esa ocasión, nos poníamos de acuerdo para coincidir y repetir nuestros encuentros.

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