Un relato exclusivo de Relaróticos.com

¡Cuántas anécdotas con el semental de mi papá! En una ocasión, él se había peleado con mi mamá por haber llegado de jugar fútbol un poco tomado y lo mandó a dormir a la sala, la verdad es que a mí me gustaba sentir su presencia cuando veía la tv ya que me sentía protegido de tener a ese hombresote a lado mío y a propósito me sentaba en el sillón junto a él.

En ciertas ocasiones pude ver cómo la cobija se le caía y mostraba su cuerpo marcado y peludo, yo le heredé las piernas y las nalgas peludas.

En una ocasión, estaba yo viendo las caricaturas en la mañana y mi papá aún seguía durmiendo, de repente sonó el teléfono y mi papá de mala gana me pidió que contestara y se medio destapó, dejando ver su pecho peludo, sus pezones rodeados de pelos y un ombligo con un línea peluda que se perdían en el resorte de su bóxer y, como se dejó la cobija sobre sus piernas, sólo pude ver eso, él aún seguía con los ojos cerrados.

Me perdí un poco mirándolo, sobre todo sus pies delgados, con dedos y uñas bien formados, que estaban uno encima del otro y que también se habían descubierto cuando jaló la cobija.

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«¡Contesta!» me urgió y rápido levanté la bocina, era su entrenador, me dijo que era urgente que mi papá le contestara porque su partido se había adelantado. Le comenté rápido a mi papá y él inmediatamente se levantó del sillón y ese movimiento se me quedó grabado para siempre, en su bóxer se apretaba la erección más deliciosa que he visto hasta ahora y cuando se levantó, su ropa interior se bajó por el tamaño de la erección dejando brotar una mata de abundantes pelos negros.

Yo sentí un dolor en mi estómago y empecé a temblar, yo era un mocoso de 10 años como para pensar en eso, sin embargo, ver esa macanota bien firme me incitaba a tocarla, no disimulé que ya ni veía la televisión y mientras mi papá contestaba me quedé mirando ese bulto y esos pelos deliciosos.

Por unos segundos mi papá estaba de perfil, dejando ver su erección en todo su esplendor, desde ese momento me encantan los hombres con bóxer, además sus piernotas peludas eran un espectáculo para mi poco conocimiento del cuerpo humano que tenía en ese entonces.

De repente, se acomodó en el sillón que estaba junto a la mesita del teléfono y se medio sentó en el reposabrazos, su erección no cesaba y no sé por qué, él se comenzó a acariciar los pezones mientras le contestaba a su entrenador, aún no notaba que yo estaba más que excitado mirando cada uno de sus pelitos.

A veces se rascaba las axilas, pero lo más delicioso fue cuando se rascó un testículo, porque lo hizo con tanto vigor que lo dejó escapar por una de sus piernas y, a pesar que yo ya lo había visto desnudo en todas las ocasiones que nos habíamos bañado, verlo excitado y con su bóxer me causó más morbo y no pude evitar hacer un sonido de «mmmm».

Él notó inmediatamente y me miró a los ojos, de esas miradas que te ven hasta tus pensamientos y sin dejar su plática miró hacia la ventana que tenía enfrente sin darme ningún gesto, pero me recompensó cruzando la pierna y dejando ver bien parte de su pene y sus testículos, que se apretujaban contra el bóxer.

Quería meter mi cara en el hoyo de su mini short ¿por qué había hecho eso mi papá? Siempre pensé que él sabía que me provocaba, porque cuando me enseñó a rasurarme lo hizo totalmente desnudo.

Quien sabe, ese día de la llamada pude ver cómo poco a poco su erección se bajó mientras él se seguía acariciando sus pelitos con la pierna cruzada, justo cuando terminó de hablar, se paró y se regresó al sillón donde estaba dormido, tomó su cobija y se tapó de arriba abajo, sin pensar que yo tenía ganas de seguirlo viendo.

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