Un relato exclusivo de Relaróticos.com

Hola, soy de Chile y si bien no soy un adonis, nunca me ha faltado con quien follar. Tengo lo mío, un atractivo que me ha servido para tener con quien coger desde que perdí la virginidad a los 16 años con un hombre mayor (historia que no viene al caso contar).

Siempre tuve novio o conocía a alguien en una disco u otro centro nocturno con quien terminaba en la cama. Pues a mis 30 años me conservaba bastante bien y mi cuerpo era reflejo de ello. Y si bien mi pija, de 16 centímetros, no era muy grande si era lo suficiente para hacer gozar a cualquiera.

Todo esto acabó con la pandemia. Mi pareja, que quedó desempleado producto a la situación sanitaria, se vio obligado a volver a su ciudad natal donde sus padres pues no le alcanzaba ni para la renta. A eso se le sumaba que no habían centros nocturnos a los que ir y las cuarentenas que aplicaba el gobierno complicaban más la cosa aún.

A través de app y redes sociales había contactado a personas con quienes nos habíamos juntado a follar, pero no era lo mismo. Ya llevaba meses en sequía de sexo y llegaba a soñar con mamar una verga. Era tanta la desesperación que empecé a buscar alternativas para hacerlos.

Fue en esta búsqueda de alternativas que me topé con que en un cerro, cercano a donde vivo, había un lugar de Crusing. Yo nunca lo había hecho, ya que no me daba confianza lo que allí pudiese pillar, pensaba que podía ser peligroso e insalubre el hacerlo con cualquiera en un espacio abierto como era un cerro.

Pero, como dice mi madre, la necesidad tiene cara de hereje así que fui, me hice tripas el corazón y parti un día al atardecer a darme una vuelta.

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Llevaba varios minutos por el cerro (por el lugar que había leído en que ocurrían estos encuentros) y no pillaba nada. Después de cerca de media hora me fui por un camino hecho a la mala y tras avanzar llegue al lugar.

Lo supe al ver a un hombre gordo en la posición de perrito y otro, con pinta de peligroso, le estaba clavando le su pija, al rededor habían cuatro hombre masturbándose con la escena. Me dio cosa acercarme y decidí avanzar un poco más.

Mientras más me introducía por el cerro más eran los hombres que estaba siendo follados o mamando algún pija.

Así fue cuando llegué a donde un hombre, un cuarentón de buena pinta, que al verme se sonrió y empezó que pasar su mano sobre su pija. Estaba un poco más alejado del resto y no se veía peligroso así que me acerqué a él.

«Quieres?» Me preguntó con cara de lujuria. Yo solo sonreí y me acerqué. Él sacó su pija que, si bien no era de las más grandes que he visto, si tenía un tamaño bastante considerable. Yo no dude y me la introduje a mi boca y empecé a mamarcela.

Tenía un olor fuerte que más aún me calentaba y él solo jadeaba de placer. Empecé a jugar con sus testículos y de vez en vez le pasaba la lengua a estos. El solo manifestaba su placer.

Después de un rato él pone su mano en mi cabeza y comienza a follarme la boca. Me introducía todo su pene hasta hacerme tener arcadas. Así estuvimos un buen rato hasta que me dice que se va.

Yo abro más la boca y comienzo a sentir toda leche. Yo solo me preocupo de no perder nada de esta y a dejarle su verga limpiecita. Ya cuando termina de votar toda su leche me agarra del pelo y acerca su boca a la mía y me da un beso, aún me quedaba de su semen en mi boca por lo que le pasé de este a su boca.

Así estuvimos un buen rato, comiendo nuestras bocas, para luego limpiarnos. Luego de esto, me volví a mi casa y me masturbe recordando el sabor de esa pija y lo que fue mi primera experiencia de Crusing en mi vida.

He vuelto a ir pero, no he pillado al hombre y con los que me he pillado no me entregan la confianza.

@kmilitocec en Twitter

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