Soy David, acá les traigo una historia cortita que me pasó el fin de semana, después de ir a un boliche gay que queda re lejos de la ciudad. Me fui vestido como un putito, pantalón blanco apretado y musculosa fucsia.

Fui con 2 amigos en el auto de uno de ellos, la cosa es que nos separamos y no los volví a ver, en el auto dejé mi billetera y el celular, solo tenia el DNI conmigo; así se hacieron las 6 de la mañana y no tenía en qué volver a mi casa, así que pregunté si pasaba algún colectivo que vaya al centro y ya en eso también pedí un poco de plata para pagar el colectivo. Gracias a Dios me dieron unas monedas y me dijeron cómo llegar a la parada, el colectivo pasaba por la ruta y tenía que caminar a un par de cuadras.

Salí pues apurado a buscar el micro y cuando estaba llegando a la parada lo veo pasar por enfrente mio. Me quería matar, y como cada vez que pierdo el colectivo me pongo hacer dedo a ver si alguien me levanta, empecé hacer dedo y nadie paraba, en eso apareció un camión y me pongo hacer dedo para que me vea, cuando me ve él me hace cambio de luces y frena al llegar donde yo estaba. Abre la puerta y me dice

  • Camionero: ¿Te llevo?
  • Yo: Si me haces ese favor.
  • Camionero: Si, dale ¡subí!

Me subí, todo transcurría normalmente, hasta que me dice:

  • Camionero: ¿venis de bailar?.
  • Yo: sí – y le explique lo que me había pasado!.
  • Camionero: Che fuiste al boliche de acá cerca?.
  • Yo: si, si, me gusta la onda que tiene.
  • Camionero: Cuando tengo ganas de descargar paso por acá, para ver que onda, viste?.

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Por dentro mio me decía «podría aprovechar, total el flaco no es feo» y es que él tenía unos 35 años, un par de tatuajes, una gorra, olía a hombre, eso me empezó a calentar desde que me subí al camión, tenia puesto un pantalón deportivo como lo de los jugadores de fútbol de color azul, una remera negra bien suelta. Yo no había notado el tamaño de su bulto, y no podía dejar de mirarlo, no podía disimular mi homosexualidad.

Cada tanto él se tocaba la garcha, me ponía como loco ver ese bulto, me empezó a preguntar por que iba a ese boliche, a lo que respondí que tenia ganas de tener sexo- él se ríe y me dice «mira vos que casualidad, me voy a sacar el pantalón, te jode?, yo también estaba buscando a alguien que tenga ganas de chuparme la verga!».

Dicho esto paró el camión y se sacó los pantalones, me preguntó si yo quería sacármelos también y accedí, mientra me bajaba mis pantalones, miré el bóxer que tenia y me di cuenta del tamaño de su dotación, que cada vez se hacia más grande. Le pregunté si podía chuparle la pija, me miró y me dijo «tocamela y cuando vos quieras me la empezas a chupar». Muy educado el chavo.

Mientras se la tocaba sentía como latía y se iba parando rápido, metí la mano por adentro del bóxer que ya parecía una carpa, y le agarré la garcha tenía el grosor justo, era suave. Sentí cosquillas en el culo cuando se la toqué, se me hacía agua la boca, y de a poco le baje el bóxer y pude ver la cabeza de esa pija que, además tenía unas hermosas venas, un glande notable, no dejaba de mirar esa verga hermosa, tenía olor a hombre, sus testículos eran peludos, era un elixir de hormonas, jugando entre mis manos.

Se paró al costado de la ruta, para estar más tranquilos, ya estaba el sol iluminando su cuerpo, tenía una piel tersa, pelos en su pecho y desde su ombligo hasta la base de pene, su olor a transpiración en ese momento era tan excitante, no dejaba de olerlo. Me miró con una mirada de deseo, me agarró por la nuca y me besó, sus labios, labios fuertes y pronunciados, sus barba de 2 días me raspaba, tenia sudor en su frente, sus brazos me obligaron a acercarme a él, poder sentir su respiración muy cerca de mis oidos, era la persona indicada en el momento indicado.

Poco a poco me fui dejando llevar por su dominio, de su boca bajé por su cuello salado, y sintiendo su olor a piel, hasta llegar a su pecho, su pelo era relajante, tocar sus tetillas era muy placentero, bajé lo más que pude hasta llegar a su verga humedecida, por sus jugos preseminales, con mis labios acaricié suavemente la cabeza, ese líquido pegajoso en mis labios era una sensación hermosa, empecé a pasar mi lengua y sentía el gusto de la wasca, era muy suave. Empecé a meter todo su tronco en mi boca, él empezó a gemir y yo a sentir los latidos que daba su verga dura, me agarró con sus manos y empezó a coger mi boca desesperadamente, hasta que me dijo:

  • Camionero: ACABO!!.
  • Yo: Dale tranquilo, lléname la boca de leche.

No pasó un segundo que me estaba dejando la boca llena, yo tragaba y tragaba y me corría un poquito de leche por los costados de la boca. Su leche era agria y espesa, seguí chupando cada gota, hasta dejarla limpia. Me mira nuevamente y me dijo:

  • Camionero: gracias, me llamo Mariano, vos?
  • yo: David.
  • Mariano: un placer David, ahí tenes papel.

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