Todo comenzó un viernes a la mañana, eran las 8 cuando sonó el despertador, me levanté de un salto, me fui a duchar y tomar mi desayuno para irme a física… El profesor era Mauricio Ricco, era un hombre de unos 41 años de edad, pelo corto tipo militar, de imagen ruda y masculina, 1.80 de altura, con carácter bastante estricto.

Generalmente en sus clase nos mataba de cansancio, nos hacia correr mucho, practicar mucho deporte, era una dictadura estar en ellas.
Después de las clases nos retirábamos e íbamos a las duchas para cambiarnos e irnos a clases, mientras él se encargaba de llevar todo el material utilizado al sótano del colegio.

Tenia que bajar 2 escaleras, pasar tres puertas y finalmente depositar todo en un cuarto húmedo al que todos llamábamos ‘’La Madriguera’’…

Luego de la clase de gimnasia me ofrecí a ayudarlo a cargar todo el material, la verdad que era pesado, mientras él iba delante mío marcándome el lugar donde dejar las cosas yo iba detrás suyo sin perder detalle de ese culito que me tentaba cada vez más… era un manjar.

Mientras dejaba las cosas una pila de elementos se me cayó encima, lo que me llenó de polvo el rostro. Ricco solo atinó a limpiarme la cara con sus grandes y monumentales manos, me estremecía cada vez que sus dedos, sus manos, su respiración entraban en contacto con mis sentidos…

Llegado el viernes nuevamente, me ofrecí a ayudarle y cada vez era más el deseo que tenía que comenzaba a desearlo como si fuera mi última comida en mucho tiempo…

Fue un día, mientras dejaba las cosas debajo de una pequeña mesa antigua me daba conversación, hasta que al agacharme mucho silenció todo por completo, no dijo una sola palabra, solo ví su sombra acercándose cada vez más hacia mí, tanto que sentí una mano sobre mi nalga derecha…

Me levanté de golpe y sin mediar palabra alguna me di vuelta y me topé con su cara, sus ojos iban hacia los míos, su respiración a mi pecho y yo cada vez estaba más nervioso y excitado, era una sensación demasiado rara…

Puso sus manos sobre mi culo y agarrándolo fuerte me dijo al oído «se ve que las clases te han servido de mucho, tenés una colita preciosa».

La frotaba, la tocaba, la hacia suya, y mientras lo hacía me lo decía con tono bastante erótico, muy provocativo, como insinuando algo que era obvio que yo ya sentía, faltaba saber que le pasaba a él…

– ¿Qué? ¿ Queres que te lo haga ahora mismo y acá? quiero comerme tu culo – me lo dijo sin mas que responderle que un gesto de obviedad…

Me bajó los pantalones hasta el suelo, me sacó el bóxer, me levantó en sus hombros y comenzó a atracarme contra la pared, aún sin bajarse él los pantalones, se le notaba un gran bulto y bastante grueso.

Comenzó a meterla y a sacarla por completo, realmente era un experto en la materia, lo hacía despacio al principio y luego lo hacía cada vez más fuerte hasta finalmente levantarme con las embestidas que me daba…yo solo miraba en un espejo como me culiaba.

No dejaba de gemir, tenía la pija muy grande y yo nunca había tenido algo así dentro, “no voy a parar cabrón aunque te reviente el ano”, decía entre gemido y gemido. Era tal la fuerza con la que me lo hacia que hasta me llegaron a saltar lágrimas de la agonía sexual a la que estaba expuesto y eso que era solo el comienzo…

Luego me puso en cuatro sobre la mesa, y empezó a cogerme como un animal. Primero me la puso despacio y luego con un ritmo violento me la entró toda hasta el fondo. Yo gritaba de dolor y de placer. Sentía como sus huevos golpeaban los cachetes de mi culo y me excitaba más.

Había que admitir que para tener más de 40 realmente culeaba como los dioses.

Instantes después me dijo con toda perversión ‘’si querés aprobar la materia me la vas a tener que probar, chupámela pibe y tenés un 10, ya en la lección anal tenés 10, ganáte otro’’

Se tiro sobre unas colchonetas, llevó sus manos hasta su cabeza y se limitaba a calificar la labor oral que salía de mi boca hacia su pene, el cual ya estaba bastante largo, muy grueso y poco peludo…

Yo subía, bajaba, subía y volvía a bajar, era una rutina a la que pareciera él le gustaba acostumbrarse, parecía una maquina de coser subiendo y bajando o una explotadora de petróleo tratando de obtener el blanco recurso que permita concluir con mi trabajo…

— Que buenas mamadas que sabes hacer pendejito, chupas como todo un experto, sos un experto con la boca, la prueba oral la estás aprobando… – luego de haber dicho eso se corrió en mi boca, manchándola por completo de blanco lujuria…

Estuvimos por más de 4 horas sacando afuera nuestros instintos más salvajes y desenfrenados, no podía creer que un musculoso hombre de 41 años me hubiera hecho todo suyo y más si esa persona era el profesor con el cual tuve más de mil fantasías complejas…

LO MÁS RECIENTE

Pero no finalizó ahí, todos los viernes después de clases era lo mismo y siempre delante de mis compañeros me retenía diciendo ‘’Estás castigado por… por… estás castigado’’ no importaba el lugar, la hora ni la circunstancia, era un lobo hambriento que me quería devorar a toda costa.

Un día me invitó a su casa, era obvio para qué, pero me invitó y fui. Nos saludamos, me invitó a pasar y me llevó directamente a la cama… tardamos 10 segundos hasta volver a tener sexo. Me cabalgaba con toda rudeza, violencia, sadismo, me hacia su esclavo sexual personal. Él se deleitaba grabando videos mientras cogíamos, hacia caras, gestos, todo era valido en un carnaval de carne estremeciéndose sobre la desecha cama matrimonial.

Fue hacia la cocina y trajo manteca, me dijo «ponte en 4, abre la piernitas y respira hondo que papi te va a dar de comer un chorizo enorme y leche de hombre’’ y me frotó el grasiento producto comestible en el ano y lo utilizo para lubricar y dilatar mi ano, que a ésta altura mas que rojo estaba morado…

Con sus gruesas manos de gorila me abrió las nalgas de palmo a palmo y me entró como a la sidra en navidad, tratando embriagarse de placer, satisfaciendo sus necesidades más primitivas…

Me sentía cautivo de esos encantos y esclavo de sus atributos, mientras me daba algo que me encantaba pensaba por dentro: «qué bien que lo hace, qué bien que me coge, qué larga que la tiene, qué duro que se siente, lo amo”

Me cogió de todas las maneras posibles, despacio, fuerte, dejándola adentro, sacándola y volviendo con fuerza, sentado, acostado, perrito, ya había dejado más de 3 veces su marca personal en mi interior, era de su propiedad, según él.

«Dale, goza puto, goza, dale ahhhh! era la frase que mas repetía. Yo estaba tan extasiado que no paraba de gemir, era prisionero de esa pija en mi culo. Cada vez me lo hacía más fuerte, parecía una locomotora ansiosa por llegar a su destino, esperó el momento oportuno para tirarme todo su blanco salitre caliente…

Luego de 4 horas de enérgicas y violentas penetraciones salvajes, con un suspiro largo, se deshizo de los últimos restos de testosterona blanca, se quitó el preservativo y se tiró, ya sin fuerzas, sobre la cama deshecha…

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