Llegué al baño, entré, cerré la puerta y empecé a masturbarme con ganas, con furia, mientras leía los carteles que escriben en la pared y la puerta del baño, pues suelen ser excitantes, en uno ponía «camionero de buena pija necesita maricón». En otro mas: «si necesitas una buena verga para chupar, no dejes de llamar»; otro más «tengo pija jugosa, si quieres es tuya, campeón… llámame.» En fin, así varios así que seguí leyendo hasta que acabé como una loca.

Cuando terminé, me dije, y por que no escribís vos uno de estos, y puse: «si tienes una pija grande y gruesa y queres disfrutar, llámame y te dejaré satisfecho, a vos y a tus colegas, me gusta divertirme».

Salí del baño y fui a la barra, un camionero estaba sentado comiendo, me puse frente a él en uno de los sillones que queda más bajo que las mesas y desde donde se ve la parte baja de las mesas y los paquetes apretados entre las piernas de los camioneros. Estuve durante varios minutos disfrutando de la vista maravillosa que aquél camionero. Sus huevos se marcaban en la parte baja del pantalón y parecían ser enormemente gordos, mientras la garcha en la parte más alta se colocaba a lo largo de su entrepierna hacia su panza.

Yo disfruté y me puse muy cachondo de nuevo, así que como no aguantaba más decidí irme: salí del bar y fui a mi auto y al cabo de unos 30 minutos mi celular empezó a sonar, contesté, y era una voz varonil, excitante diciéndome que había leído mi cartel en el baño. ¡Qué anuncio tan efectivo!

Luego de intercambiar algo de información, quedé con él para encontrarme en el bar, así que volví a entrar, me acerqué a la barra y ahí estaba todavía el camionero que me llamó la atención hace media hora, quien se me acercó y cada vez se pegaba más a mi, creo que buscaba algo.

Poco a poco entablamos conversación, yo le dije que estaba esperando a alguien con quien había quedado y el me dijo «yo también espero a alguien que ha dejado un anuncio en el baño». Los colores me subieron a la cara, y me temblaron las piernas, y con voz tenue le dije «soy yo, quien lo puso», él se sonrió y me dijo, «me gustas, a ver si trabajas bien, te voy a probar y si me gustas, esta noche quedamos con mis amigos y lo pasamos bien».

LO MÁS RECIENTE

Yo le dije, «ok, dale, donde vamos?», me dijo «sígueme» y se fue hacia el baño, entró en uno de los baños, y se bajó el pantalón; cuando llegue yo al baño él estaba ya muy empalmado, sentado sobre la taza del baño. Yo entre, cerré la puerta, puse una rodilla a cada lado de sus pies, y empece a comerle aquel la garcha, era enorme y él suspiraba sin parar y se empalmaba mas y mas empujando mi cabeza y forzándome a comerme todo aquél enorme pedazo hasta los huevos.

Yo disfrutaba del tremendo pete que le estaba haciendo, mientras tanto poco a poco me desnudó por completo y él también, hasta quebquedamos en bolas los dos y yo seguía con la chota en la boca; me empujó la cabeza hasta abajo del todo, sus huevos quedaron en mis labios intentando entrar , y mientras su pie se colocaba bajo mi culito, apoyado en el talón y con los dedos hacia mi culito, sentí su grueso dedo gordo del pie, en mi ano, y empece a ponerme cachondo, a mover el orto sin parar al tiempo que él me empujaba más fuerte.

Yo quería que me cojiera su dedo gordo y lo conseguí, me dejé llevar y poco a poco me senté sobre su pie, sentí entrar su dedo por el ano, y solté un gemido de placer qué lo motivó a empezar a meter y sacar su dedo, mientras seguía cojiendome y llenando la boca de wasca, se empezó a calentar más y más, hasta que soltó toda su leche.

Yo no pude tragar todos aquellos chorros de leche y empezó a escurrirse por mis labios, él me empujaba más fuerte mi cabeza mientras no dejaba de subir y bajar en el dedo gordo de su pie, hasta que no aguanté más y acabé como una puta. Así, acabamos los dos, nos vestimos, y me dijo «sos un gran petero, se nota que te gustan las pijas gruesas, y que has disfrutado mucho con la mía, yo también disfruté de tu boquita y mucho, espero que esta noche, disfrutemos más, quedamos a las 10, acá?» yo le dije, que si, y nos fuimos.

A las 10 de la noche fui de nuevo al bar, él ya estaba esperándome, me acerqué, tomé una coca-cola, y hablamos un rato, fui al baño, pues estaba con ganas de mear, volví, tomé mi coca-cola, y me dijo,» qué tal si vamos a mi camión?», yo le dije que si y pregunté por sus amigos, a lo que me dijo que ya venían pero que antes su misión era ponerme cachondo y la verdad que lo había conseguido, pues estaba muy caliente, con calores por todos lados.

Ya cuando salimos del bar, y al salir a la calle, apretó mi culo con su mano, sin soltarlo, empujándome hacia su camión, haciéndome caminar más rápido, mientras apretaba mi culo con uno de sus dedos acariciaba mi ano poniéndome a mil; ya que llegamos me puso contra el camión y me besó con fuerza, metió su lengua hasta el fondo y yo le comí los labios y esa barbita de dos días que me provocaba mucho.

Luego pasó su lengua por mi oreja y se paró en mi oído, mientras me susurraba: «¿estás calentita putita, para recibir a los chicos?». Escuchar eso aún me puso más caliente y me dejé llevar por él, sus manos me recorrían cada centímetro del cuerpo, me mordisqueaba por todos lados y me ponía a mil deseando pija en abundancia, necesita que me rompieran el culo ya mismo, pero no lo hacia, seguía calentándome a cada segundo, mientras me desnudaba y él también se desnudaba quedando en pelotas junto a su camión, y me dijo, vamos a la parte de atrás del camión.

Abrió la puerta, yo subí, estaba bastante alto, así que subí una pierna primero y sentí sus dedos empujando mi culo para subir, mientras dos de sus dedos, se me clavaban en mi ano hasta lo más profundo suspiré y subí por fin, entré en la camión, estaba todo oscuro, no se veía nada, entró él y cerró la puerta, le dije, «acá no hay luz? no se ve nada» y él me dijo «si, junto a la pared de la derecha hay un interruptor, prendeló».

Fui hacia el lado derecho con la mano extendida buscando el interruptor hasta topar con una barra, gruesa dura, era una poronga caliente, seguí buscando más adelante y topé con otra pija dura enorme, más larga, con dos buenos huevos que colgaban, empecé a temblar no sé si de miedo, de gusto, o de ganas de encontrar la luz, pero seguí hacia delante buscando el interruptor y encontré otro interruptor, también enormemente duro caliente y grueso, así seguí buscando hasta dar la vuelta a toda la caja del camión, y cada paso encontraba un tipo dispuesto a todo, al final cuando llegué hasta la puerta donde habíamos entrado, agarre la verga del camionero, ya casi me lo conocía, y al agarrarlo, se encendió la luz.

En medio del camión había un potro de estos de hacer gimnasia, y todo al rededor pijones enormes apuntando hacia el centro del camión, me agarró el camionero y me tumbó sobre el potro, dejando mi culo al placer de todos, separó mis piernas atando una a cada pata del potro y mi cabeza colgaba por el otro lado, la cual enseguida fue agarrada por uno de ellos y forzada a comer una buena verga.

La empecé a chupar con ganas, estaba muy cachondo, gemía el tipo como loco mientras el camionero me daba una crema en mi ano y al ratito de ponerme la crema sentí que mi ano se abría con la enorme pija del camionero, me empezaba a cojer con fuerza y con ganas, mientras comía pija sin parar, poco a poco iban pasando todos, yo me las comí todas, no sé cuántas eran pero cuando iba por la 12 pija comida ya dejé de contar, solo comía mientras me cojian el culo.

Fueron pasando por mi ano uno a uno, metiendo y sacando aquellos enormes penes en mi culo bien abierto, algunos no resistían las ganas y me llenaban de leche el ojete, de vez en cuando uno de ellos, metía sus dedo y me lo abría, y me decía, «tira la leche, perra» y yo forzaba el ano y expulsaba la leche que me habían ido dejando dentro y sentía como escurría por mis piernas.

Fue entonces que uno de ellos dijo «vamos a llenarlo de nuevo», y empezó la ronda de nuevo, uno a uno fueron llenando mi orto de leche caliente seguidamente de nuevo, metió sus dedos y me vació el culito de leche, ya no podía más, me dejé llevar sin más, hasta que acabaron cansándose y ya me desataron del potro, como pude, me vestí, y salí del camión, cuando salí estaba amaneciendo, no sé cuántas horas estuve adentro, ni las veces que me garcharon tanto la boca y el orto, pero sé que lo pasé muy bien y que me fui a casa con el culito lleno de sus leches, y muy, muy bien cojido.

Fue una experiencia que no creo se vuelva a repetir, pero que en caso de que llegase, la repetiría con gusto.

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