Estaba muy nervioso, sentía cosas que no me había podido imaginar nunca. Tenía aquel trozo de carne dura metido hasta lo más profundo de mis entrañas, el corazón me palpitaba con tal intensidad que me asustaba; ya no sentía tanto dolor como al principio, pero no me podía acostumbrar a esta sensación de estar poseído.

Estaba muy nervioso, de verdad que nunca me había imaginado haber llegado a esta situación. No me sentía cómodo de ninguna manera, pero estaba excitado a tope.

Su copioso sudor se mezclaba con el mío, su pecho velludo estaba muy cerca del mío, sus fuertes brazos estaban apoyados sobre el colchón y separaban los míos de forma que mis manos solo podían acariciar su espalda, su boca se fue acercando a la mía, cuando me dijo: “¡Bésame!”.

Para acercarme a él me abracé fuertemente de su espalda y nuestras bocas se encontraron con lujuria mientras el ritmo de sus embestidas se aceleró vertiginosamente. Creí que me iba a desmayar, las fuerzas de mi cuerpo me abandonaban y mis piernas abiertas por su cuerpo temblaban.

— Por favor — le supliqué nervioso — sácamela , no soporto más.

No tuve otra respuesta que sentir como el ritmo de sus embestidas continuaba imperturbable. Su rostro reflejaba un placer enorme, sentía como todos los músculos de su cuerpo se endurecían, su vientre se contraía, pero él continuaba con su disfrute.

Mis protestas aumentaron de tono, pero continuaba follándome sin clemencia, traté entonces de revirarme y escapar, pero me fue inútil, estaba en una posición que no me permitía hacer algún movimiento que me permitiera escapar, sus fuertes brazos me inmovilizaron y sentí como su dotado aparato entró a lo más profundo de mí.

Sentí como sus huevos se restregaban por mis nalgas y solo pude escuchar que me decía: — ¡Aguanta como un hombre, cabrón!, ¡Relájate y disfruta de tu macho! — Y de nuevo comenzó sus embestidas con un ritmo frenético.

Por la fuerza no podía lograr nada de él y no tenía más remedio que verlo disfrutar de mi culo que estaba perdiendo la virginidad. Me abracé con fuerzas a él y con mi lengua empecé a saborear el sudor de su cuello y de sus hombros, mientras mis manos acariciaban la espalda del macho lujurioso.

— No puedes imaginar cuanto he deseado que llegara este momento — me decía — Y no voy a dejar de disfrutar ese culo virgen.

Aquello era interminable, no me quedaban fuerzas, estaba agotado y no veía llegar el momento en que se corriera y por eso le pedí una tregua, le pedí que descansáramos un poco, le juré que cuando me recuperara le volvería a dejar gozar de mi maltrecho culo.

— ¿Quieres descansar un poco? Pues esta bien, vamos a descansar un poco.

Pero entonces sentí que empujaba su polla a lo más profundo de mi culo y allí se detuvo y me dijo:

— Vamos a descansar un poco, pero con la polla bien adentro. Relájate y acostúmbrate.

Y así en esa posición de penetración profunda se detuvo y quedamos sumergidos en un profundo abrazo. Sentí como nuestros pechos velludos mezclaban sus sudores y me sentí un poco más tranquilo y me fui acostumbrando a aquella polla intrusa que no quería salir de mi culo.

Así, profundamente unidos conversamos un rato. De pronto empecé a sentir una sensación extraña, algo caliente estaba entrando en mí. Eran sensaciones nuevas, no podía imaginar que estaba ocurriendo. Su rostro reflejaba una sonrisa cómplice. Le empecé a comentar lo que estaba sintiendo, su sonrisa se hizo mayor y entonces fue cuando me dijo: estoy orinando dentro de ti.

Eso me puso más nervioso, había orinado abundantemente dentro de mis entrañas y aquello fue como sentir que me habían puesto un edema. De inmediato sentí mi vientre como inflarse y me vinieron unos enormes deseos de dar de cuerpo. Le dije que me dejara ir al baño un instante, pero fue inútil.

El morbo de haber meado dentro de mi lo empalmó de golpe y de nuevo comenzó a follarme.

Ahora me estaba retorciendo de sensaciones, el orine había actuado como lubricante y cada nueva embestida la sentía con más profundidad. Las embestidas no solo eran a un alto ritmo, sino que además iban desde lo más profundo casi hasta salir su cabeza de mi culo y de nuevo a lo más profundo.

Así estuvo follándome largo rato, cuando de pronto el ritmos de sus embestidas se hizo más intenso, sus manos apretaban mi cuerpo con enorme fuerza, sudaba cada vez más copiosamente, cuando comenzó a hacer exclamaciones de placer que me asustaron, sus músculos se contraían con intensidad y de nuevo sentí un chorro caliente en mis entrañas.

Tras ese chorro vino otro y otro y con cada uno sus exclamaciones de placer hasta que sentí como sus brazos me abrazaban con fuerza que se fue transformando en ternura, hasta que fui sintiendo como sus tensos músculos se iban relajando.

Mantuvo su verga, que iba perdiendo tensión, un rato dentro de mi maltrecho culo. Cuando la sacó, sentí como me apretó las nalgas y a los pocos instantes me puse de pie. Tenía unas enormes ganas de cagar, creía que no iba poder llegar al baño.

Cuando al fin logré llegar al baño y me senté en el vater descargué con energía, me temblaban las piernas, aquello no tenía fin. Estuve sentado largo tiempo, hasta que expulsé muchos gases y luego me lavé con agua y jabón cuidadosamente.

Mi atracción por los hombres era un hecho que yo tenía bastante claro, pero siempre me había negado la posibilidad de que alguien me cogiera el culo.

Estar con un hombre en una cama, acariciarlo, besarlo, hacerle una paja, incluso mamarle la polla, para mi no eran cosas que no dejaban huella, pero que me cogieran el culo si dejaba huellas, había perdido mi virginidad y solo pensar en ello me aterraba y eso fue lo primero que le expresé.

Juan era mi mejor amigo, desde hace muchos años éramos inseparables. Nos conocimos en la Universidad, pasamos muchas temporadas en su casa y en la mía. Mis padres lo veían con muy buenos ojos, pues desde que apareció en mi vida mis resultados en los estudios mejoraron notablemente.

Siempre estudiábamos juntos en su casa o en la mía. Aquella amistad se había ido transformando en una atracción inseparable y así empezamos a intimar con mucha frecuencia. Pero las cosas no pasaban de muchos besos, achuchones y hasta corrernos. Pero de ahí no pasaban las cosas.

Pero así cuando hacía un par de años que habíamos terminado los estudios, Juan, comenzó a decirme que estaba enamorado de mi y que no dejaba en soñar con follarme.

A mi aquello me sobresaltó y yo le dije que se olvidara de esa idea, que a mi me gustaba jugar con él en la cama y pasar un buen rato pero que de ninguna forma yo iba a dejar que él me penetrara.

Debí romper mi amistad en ese momento. En una ocasión lo intenté, discutimos no recuerdo porque razón y yo me aproveché a usar el incidente para poner distancia y dejar a un lado sus pretensiones. Pero no podía estar sin verlo y a los pocos día fui yo quien lo llamó y continuamos nuestra amistad.

Estas vacaciones las pasamos juntos, como de costumbre, pero nos fuimos a un hostal a hacer turismo rural. El hostal campestre estaba en unas montañas y las habitaciones eran cabañas independientes, eran confortables pero estaban separadas entre sí, lo que les daba una privacidad muy confortable. Y como es lógico por las noches empezaban nuestros juegos sexuales.

Por eso es que aquella noche, cuando me pidió presentar su verga y correrse rozando mi esfínter lo dejé, pues tenía confianza en él, estaba seguro de que no iría a más y en realidad a mi me gustaba sentir las caricias de su polla en mi culo y luego su leche caliente.

Pero ayer las cosas cambiaron, no se como se había lubricado su miembro y cuando empezó a rozarme el culo, mi esfínter se fue dilatando y pronto sentí que la cabeza de su verga estaba invadiendo mi privacidad.

Traté de pararlo, pero me había puesto en una posición muy estudiada por él de la que sabía que no me podía escapar.

Cuando traté de parar el juego, sentí como sus fuertes brazos sujetaban mi cintura y en vez de sacarme la cabeza como le pedía empujó su miembro hasta lo más profundo de mis entrañas. Sentí que explotaba, comencé mi protesta enérgica, pero era en vano.

Su deseo por poseer mi culo como que lo enloqueció y no solo me folló con energía sino que además lo hizo sin la menor clemencia.

Cuando terminamos de coger no me salían palabras. No sabía que decir, me sentía traicionado, pero por otro lado y a pesar del apuro que había pasado me había excitado como nunca.

Luego me senté en una silla a fumar un cigarro y sentía muy extraño mi culo. Sin decir una palabra meditaba que había perdido mi virginidad. Luego cuando me desperté al día siguiente estábamos abrazados como siempre.

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