Un relato exclusivo de Relaróticos.com

Tenía 17 años en ese tiempo, yo rentaba un departamento y vivía por el rumbo del San Bernardo, centro, tenia mucho dinero x lo que trabajaba y me gustaba drogarme casi todo el tiempo y despilfarrar la plata. Cosas de joven.

Un día fui a la casa de uno de los manes con los que robábamos para dividirnos las ganancias, en ese momento salió su hijo a darle una Corona, yo no puse mucho cuidado pero él me presentó a su hijo, un muchacho de tes morena cuerpo marcado y más o menos unos 19 años.


No le puse mucho cuidado y me fui al momento, con mi parte y seguido mío salió el hijo y empezó a hablar con migo haciendo preguntas como «¿de dónde eres?, ¿cuántos años tienes? ¿tienes novia?», cosas así.

Yo me entretuve hablando con él y lo invite a tomar, así estuvimos tomando y hablando hasta que le dije que lo acompañaba a su casa.

Para ello tomamos un taxi y lo fui a dejar en la puerta de su casa, pero él me dijo que entrara y me quedara, que su papá no ponía problema.

Eran como las 2 y algo de la madrugada y yo estaba lejos de mi casa así que acepte, entramos y me dijo donde acostarme; y yo le pedí el baño, me dijo donde estaba y cuando entré a la habitación donde me dijo que durmiera él estaba sentado en la cama.

Le pregunté qué hacia ahí y me dijo que ese era su cuarto, que teníamos que dormir los dos juntos. Yo le dije que qué listo y cuando me senté a quitar los zapatos él me besó.

Yo no había leído la atmósfera hasta ese momento, pues andaba despistado, pero cuando me besó entendí todo, yo también empece a besarle y nos empezamos a desnudar, nos tocábamos y besábamos mientras nuestra respiración agitada se mezclaba con el frío de la madrugada y el deseo empezó a emerger en cada uno de nosotros.

Fue él quien comenzó a chuparme el pene como nadie lo había hecho jamás y yo estaba excitado como nunca, quería correrme en el momento mismo, pero se quitó, se puso en cuatro, saco una crema de su mesa de noche y se la untó en el hoyo que ahora apuntaba hacia mi verga, la cual estaba dura como un tronco, todo un chocolate (por su color).

Nadie es un santo en esa circunstancia, así que yo suavemente empecé a introducir mi pene mientras él iba respirando de forma aleatoria, cuando ya mi pene estaba completamente dentro de él empecé a moverme y poco a poco fui subiendo la velocidad. Era mío por completo.

Él gemía y se retorcía mientras mis embestidas lo sacudían, y cuando mi cuerpo no pudo más le dije que iba a eyacular; él se lo sacó, se acercó a mi pene y prosiguió a chupármelo hasta que me vine en su boca.

Pero no, ahí no paró la cosa, porque él se trag la leche delante mío, me miró a los ojos, y me dijo «es mi turno».

Me echó hacia atrás, saco nuevamente la crema, me untó un poco en el ano y me lo metió. Yo sentí mucho dolor pues hacía mucho no era pasivo, pero me quise relajar, me di la vuelta para tener el control y me puse en 4.

Fue ahí que empecé a sentir sus 18 cm de carne totalmente dentro de mi, a cada segundo él arreciaba la fuerza y velocidad y yo solo quería que se viniera dentro de mi. Él empezó a gritar «¡me vengo, me vengo!» y yo le respondí «¡sí dame tu leche!» y cuando él se corrió yo me volví a correr también.

Terminamos durmiendo juntos hasta la mañana y luego me vestí y me fui sin que sus padres notaran mi presencia.

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