judo-relato-gay

Lo que les relataré a continuación pasó hace ya varios años, cuando apenas tenía yo 17 años. Por aquel entonces yo practicaba judo y, como todos los veranos, el entrenador del grupo organizó un viaje para todos a una quinta súper grande que contara con instalaciones deportivas en las que nos encontrábamos con otra gente de judo de todo el estado.

Ese año se llevó a cabo en Hermosillo. Éramos un grupo muy nutrido, pero los más grandes del grupo éramos mis amigos y yo, entre 17 y 18 años. Casi todos éramos chicos, exceptuando un par de chicas de nuestra edad que no estaban nada mal.

Al repartir las habitaciones nos dieron una bastante grande en la que todos estábamos juntos, y cabían seis personas el número justo. A esta edad y con la oportunidad del campamento de verano y la fiesta nocturna del lugar, nuestra principal intención era coger lo más posible.

Y a ello fuimos la primera noche, aunque las cosas no salieron como estaban previsto, ya que no tuvimos nada de acción. Por lo mismo yo estaba completamente cachondo ante tanto cuerpo perfecto que vi en las discotecas, tanto el de las morras como el de los chavos, ya que me considero bisexual, aunque esto sólo lo conocía uno del grupo al que había chupado la verga en los vestuarios del gimnasio, pero esa es otra historia.

Total que volvimos a la habitación completamente desanimados y ya con la única intención de jalárnoslas para aliviar la cachondez que traíamos. Cada uno se acostó en su cama y ahí parecía que iba a acabar la cosa cuando Juan, el que sabía de mis inclinaciones, comentó que iba a darse una ducha, y me hizo una ligera señal. Yo dije que también haría lo mismo y fui al baño.

La verdad es que esto no extrañó a nadie, ya que era una ducha común en la que había tres regaderas. Obviamente antes de entrar me fijé bien en que nadie nos siguiera, cerré la puerta y cuando me di la vuelta me encontré a Juan en pelotas con la verga súper parada.

Para ahorrar posteriores descripciones diré que los seis teníamos unos buenos cuerpos debido al ejercicio que hacíamos, algunos más musculados que otros, todos de buena estatura y de bastante buena apariencia. No es que fuéramos los típicos guapos de gimnasio, pero casi.

El cuerpo de Juan me encantaba, con la musculatura ideal, una buena verga y completamente depilado, al igual que yo, algo que en un hombre me encanta. No me lo pensé dos veces, me desnudé, me arrodillé y comencé a lamer ese maravilloso manjar. Después de un buen rato chupando, Juan descargó una buena corrida que obtuve directamente en mi cara y boca, paladeando el especial sabor del semen.

Justo cuando Juan acababa de correrse noté un chorro en mi espalda, y enseguida supe que alguien acababa de venirse en mi espalda. Al darme la vuelta me encontré con los otros cuatro, también desnudos, y jalándose sus vergas (salvo Luis, que ya se había corrido, aunque tuvo tiempo de soltarme un último chorro en la cara).

Aquello aparte de sorprenderme me puso aún más cachondo, tanto que casi no tuvieron tiempo de decirme que ellos también querían una buena mamada. Así que los tres se pusieron en semicírculo alrededor mío y comencé a chupar, verga por verga. Como sólo tenía una verga en la boca por turno, me dedicaba a pajear a los otros dos. De este modo fueron acabando en mi cara Angel, Pedro y David.

Me quedé sorprendido del tamaño de la vergota de David, al que dejé para el final. Ya le había visto desnudo, pero nunca con la verga tiesa, que crecía considerablemente desde su longitud en reposo. Eran uno 25 o 26 cm de pura carne que chupé y lamí con esmero, tragando con ansia pero también lamiendo de los huevos a la punta del glande de manera lenta, saboreando cada centímetro.

Juan mientras tanto se había colocado detrás mío y me masajeaba los hombros, a la vez que restregaba su verga por mi espalda. Al acabar, Luis se había dado cuenta de que yo todavía no me había corrido, así que, tras despedirme de los otros cuatro con besos y caricias, completamente agradecidos, me deleitó con una sublime mamada.

Casi no tuvo que esforzarse, pues al par de minutos descargué en su boca sin que él dejara escapar ni una gota de mi leche. Fue una mamada estupenda, y más teniendo en cuenta que me confesó que era la primera vez que lo hacía.

A la mañana siguiente, aunque nadie hizo comentarios sobre lo anterior, las actitudes de todos hacían presagiar una nueva fiestecita nocturna.

Esa noche, después de cenar dos de nosotros fingimos que nos había sentado mal la cena y dijimos de no salir por ahí. Los otros cuatro, en un alarde de «compañerismo» decidieron quedarse con nosotros para jugar un rato a las cartas e irnos a la cama pronto. Esta fue, al menos, la excusa que les dimos a las dos chicas del grupo cuando pasaron por nuestra habitación a buscarnos.

Casi tuvimos que echarlas, ya que también querían quedarse (tampoco habían pillado la noche anterior y querían hacérselo con alguno de nosotros). La cosa estaba decidida, iba a ser una fiestecita solo de vatos.

Cuando nos aseguramos de que estábamos solos, pusimos la llave y nos encueramos, no fue sorpresa que al vernos todos la tuviéramos bien dura ya. Al principio la mayoría lo único que pretendía era que se la chupara, y luego nada más, pero Luis y yo lo que queríamos era follar unos cuantos culos, cosa que propusimos.

Sorprendentemente, nadie pareció resistir a la idea, pero pusieron la condición de que Luis y yo fuéramos los primeros en poner el culo a disposición de los demás. El trato era justo.

Luis se dirigió a Juan, se puso de espaldas a él y a cuatro patas. Juan no se lo pensó dos veces, se lubricó la verga con un poco de crema para el sol, y se la comenzó a meter poco a poco hasta que sus pelotas golpearon el culo de Juan, entonces comenzó a bombear cada vez más rápido, y a juzgar por los gritos y gemidos de Juan, lo debía de estar haciendo realmente bien..

Angel se colocó delante suyo y se la metió en la boca. Con Juan totalmente empalado, me fui por Pedro. Le tumbé en la cama y me senté suavemente sobre su hermoso pene. Me movía muy despacio, sintiendo cada centímetro de su verga entrar en mi culo.

Cuando la tuve toda dentro, comencé a subir y a bajar a buena velocidad, dando un gran placer a Pedro, y, cómo no, a mí mismo. David había colocado su verga en la cara de Pedro y éste, con miedos al principio, se la metió en la boca y comenzó a chupar con un poco de torpeza.

Le dije a David que me dejara a mi mamársela, que yo sabía lo que hacía, lo cual aceptó de inmediato. Con una verga enorme en la boca y otra en el culo, estaba loco de placer, pero lo mejor vendría a continuación, cuando los dos intercambiaron sus papeles.

Me tumbé boca arriba sobre la cama y Angel me metió la verga en la boca, casi sin tiempo de ver como David se colocaba a mis piernas, con la verga tiesa y apuntando a mi dilatado culo comenzó a metérmela, y aunque lo hizo despacio y suave, sentía una mezcla de placer y dolor por el gran tamaño de su tranca.

Aquello parecía que no iba a acabar de entrar nunca y yo sentía un placer extremo. Cuando la metió del todo y comenzó el mete-saca sentí un placer en el culo que nunca había sentido, debido a la longitud y, sobre todo grosor, de su miembro.

El gusto era tal que me meé encima y estaba en una especie de nube. Casi ni me di cuenta de que Angel se corrió en mi cara. «Desperté» cuando noté la potente corrida de David en mi culo, a la vez que yo me corría mientras él me la jalaba. La verdad es que es un gustazo que el tipo que te encula te haga una paja mientras te está dando. Durante este tiempo me había olvidado de los otros tres , que ya había acabado y miraban nuestro juego.

Pero claro, de momento los únicos que no habíamos metido éramos Juan y yo, así que había llegado nuestro turno. Los otros cuatro, completamente cachondos, estaban deseando probar la experiencia de ser follados por el culo.

Pusimos a los cuatro juntos uno al lado de otro y con el culo en pompa hacía nosotros. La vista de aquellos cuatro culos vírgenes era de lo más deseable. Yo empecé por David y Juan por Angel.

Fue una cogida fantástica, ya que la estrechez del agujero me proporcionaba un gustazo tremendo. Lo hice con toda la delicadeza posible y a David le encantó, ya que no paró de gemir. Al rato decidí que había tenido suficiente, aunque él quería que acabase corriéndome en su culo.

Pasé a Luis, y Juan hizo lo propio con Pedro. Fue otra follada fantástica, aunque no tan buena como la anterior (ya que solo tenía ojos para David, de hecho, acabamos saliendo una temporada, durante la que no paramos de follar). Todavía Juan y yo no nos habíamos venido, así que decidimos compartir nuestra leche con todos.

Los colocamos juntos y nos vinimos en sus caras. Estábamos rendidos, aunque muy satisfechos. Incluso David, Luis y yo tuvimos ganas de una segunda sesión un rato después.

Aquel fue el inicio de unas vacaciones en las que no nos separamos ni un momento y aprovechamos cualquier ocasión para «pasarlo bien» entre nosotros. De hecho, de regreso a la casa seguimos chupándonos las vergas en las duchas del gimnasio cuando no había nadie más.

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