Un relato exclusivo de Relaróticos.com

Era la primera vez en el año que nos veíamos, él había estado demasiado ocupado y no podía ir a mi casa cuando estaba solo, sin embargo, ése viernes hablé con él por messenger para felicitarlo por su nuevo proyecto.

-Espero verte pronto – le dije.
-Pues hoy justo me desocupo temprano, y vine al consultorio a recoger unas cosas ¿quieres venir?- me contestó.

Sin pensarlo dos veces le respondí que sí, me arregle, cambie mi bóxer por un thong y me puse en marcha. No era la primera vez que lo hacíamos en el diván del consultorio, sin embargo, esta vez era especial, habían pasado 4 meses de aquella última vez, aunque seguíamos en comunicación y nos habíamos abierto más en el chat. Era como una primera vez diferente.

Llegué al edificio y él ya estaba esperando en la puerta, me saludó efusivamente mientras me contaba todo acerca del nuevo proyecto; al llegar al consultorio me invitó a sentarme, me preguntó acerca de cómo estaba y sentí un nerviosismo mutuo por comenzar, pero como siempre he sido yo una persona aventada, le dije que sí quería comenzar, a lo él asintió.

Mientras me quitaba mi sudadera y me hincaba, vi cómo saltó su miembro flácido al bajarse el pantalón.

– Se ve lindo-le dije.
– Está flácido por la charla, pero tu boquita lo puede volver a levantar – me sonreía mientras me guiñaba el ojo.

Y así lo hice, comencé por lamerlo, bajé su prepucio y chupe la puntita, escuchando un suspiro de satisfacción. Conforme lo iba metiendo, sentía su pelvis queriendo meterlo todo a mi boca; enredó sus dedos en mi cabello y presionó suavemente mi cabeza para que lo engullera por completo, tocando la campana al final de mi lengua. No le importaba que arqueara, y sinceramente a mí tampoco, tenía tanto tiempo sin verlo, y tantas ganas de sentirlo que me dejé ir.

Después de unos minutos lamiendo, chupando y besando tan maravillosa verga, me detuvo e hizo algo que no esperaba. Alzó mi barbilla, acercó su cara a la mía lo suficiente para rozar mis labios y susurrando me preguntó:

– Te gusta esto ¿verdad? – mientras metía su mano bajo mi camiseta.
– Me encanta – le contesté acariciando su enorme erección.

Tras ello, me dio un beso profundo, de esos que buscan penetrar tu boca y sentir la misma pasión que estás sintiendo. Era la primera vez, desde hace dos años, que probé uno de sus besos, y que tan desprevenido me tomó, porque nunca había querido hacerlo y sin embargo, esta vez fue él quien lo inició.

LO MÁS RECIENTE

Tras un par de susurros sucios y caricias fuertes, me levantó del suelo y me pidió que me diera la vuelta y desabrochara mi pantalón. Sin titubear obedecí, buscando sentarme entre sus piernas. Pero cuál sería mi sorpresa que me detuvo en el aire y me dijo:

– Espera, quiero probar este rico culo que tienes – mientras abría mis nalgas para encontrar mi hoyo, aquel que tanto palpitaba desde que entró en el consultorio.

Con la primera lamida, solté un fuerte gemido, y no era para menos, pues también era la primera que hacía eso; se deleitó hasta dejarme lo suficientemente abierto para que entrara más fácil.

– Siéntate – me ordenó, y comenzó a frotar su húmedo miembro entre mis nalgas.
– Espera, ¿no quieres usar condón esta vez? – él siempre ha sido muy estricto con ése tema, cosa que a mí me tranquilizaba, pues me hacía disfrutar sin preocuparme.

– Shhh, tranquilo, no lo voy a meter completo – y comenzó un movimiento de caderas delicioso, el cual me hacía sentir que su verga le daba besitos a mi ano. -¿Quieres sentirla ahora? – me susurró al oído, tras besar mi mejilla.
-Cla… claro- jadeé.

Tomó de un estante, que estaba cerca de nosotros, un preservativo envuelto en un empaque metálico, lo abrió cuidadosamente y se lo puso. Me volvió a besar mientras arrancaba mi camiseta y volvió a posicionarme en el aire, escupió un poco de saliva a sus dedos, que untó en mi orificio y comenzó a entrar en mí sin mucha prisa.

-Ahhh…- gemí bajito.
-Uhhh… Se siente rico-volvió a susurrarme.

Y comenzó a penetrarme de una manera tan deliciosa que había olvidado el miedo de que me lastimara. Tras unas embestidas, decidí sentarme sobre él y cabalgarlo como buen pasivo que soy.

-Ohhh… Me encantas- me decía entre gemidos.
-¿Te gusta?-Le pregunté de la forma más inocente y sexy posible.
-Si… – y continuamos así hasta que decidí sacarlo.
-¿Podemos cambiar de posición?
– claro que sí.

Y me volteó, me pidió hicarme en el sillón y puso mi cara contra la pared.

-Ahora sí, vamos a darle -me dijo antes de meterla de una. Solo respiré fuerte y dejé que me penetrara como solo él sabe hacerlo. Nuestros gemidos se entremezclaban con los jadeos y yo quería hacerlo sentir bien, recordarle que no importa cuántos culos se haya podido comer desde la última vez en diciembre, el mío siempre estaría a su disposición y esperando a ser reclamado por él.

-¿Quieres que me venga? – me preguntó jadeando.
-¿Quieres hacerlo ya?
– solo si tú quieres
– ¡hazlo!

Y así sin más, abrazándome por los hombros, aumentó sus embestidas hasta vaciarse por completo dentro de mí. Jadeamos al unísono y sacó de un solo movimiento su verga, flácida, pero no por ello menos rica.

Mientras nos arreglábamos, me preguntó cómo me iba en la escuela, le conté que ya había terminado la carrera y están en espera de una llamada para un posible trabajo. Me felicitó mientras bajabamos las escaleras del edificio, y aunque se ofreció a llevarme de vuelta a mi casa, le agradecí e inventé una excusa tonta, para caminar de vuelta a casa, quería procesar el hecho que lo habíamos hecho nuevamente.

Se despidió de mí, y mientras caminaba por la acera, escuché su claxon sonar. Sé que no es la última vez que nos veremos, aún no hemos estrenado mi nueva cama, pero si sé que esta fue la primera vez que ambos lo gozamos plenamente.

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