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Mi historia con mi profesor

El profe no era un hombre muy alto, mediría un metro setenta, no era ni gordo ni flaco, estaba en su punto justo en relación a su estatura, tendría unos cuarenta y dale años, era blanco, con ojos color café, como la miel verdadera, de piel muy clara y usaba unos horrorosos anteojos correctores como culos de botella, con montura gruesa de pasta.

Lo compré por mil pesos

Me encontré a un necesitado y por mil pesos lo convertí en mi chacal de cabecera.

La primera vez con mi primo

Era la navidad y yo estaba aburrido pues la pasaría con mis primos, sin pensar que esa noche mi primo mayor me la convertiría en noche buena.

El papá de mi mejor amiga

La historia de cómo el papá de mi mejor amiga me pescó medio dormido y me hizo suyo.

Le hice el amor y lo saqué del clóset.

Esto me paso antes de cumplir mis 18 años, me enamore del chico que hacia mis fantasías posible, hasta una noche de fiesta, el tomo mucho y se emborracho se fue conmigo a la cama y tuve sexo con él.

¡Me urgía dar las nalgas!

Respondió a mi lengua enseguida. Me la metía hasta el fondo, sintiéndola en lo más profundo de mi garganta, la sacaba para centrarme en el glande, gordo y sabroso, aún con restos de orina que lo hacían más apetecible.

Los empleados de papá

Vitín se arrodilló y comenzó a chuparle la polla a Agustín, que comenzaba a gemir al tiempo que le profería toda suerte de insultos a su compañero.

Una carne a domicilio

«¿Usted ha encargado una polla, sí o no?» me preguntó con tono entre enérgico y cortés. Me sacó del trance cognitivo en el que había caído, y entonces comprendí.

Historia de un sumiso: orgía

Me quedé tendido en el suelo, intentando coger aire y respirar, mientras de la boca me salía semen y del culo también. Mientras, los cuatro chavales se reían de mí, incluso alguno me escupía, a pesar de no saber quien era.

Por amor, me entregué a mi mejor amigo

Su deseo por poseer mi culo como que lo enloqueció y no solo me folló con energía sino que además lo hizo sin la menor clemencia.

error: ¡Hey! Jálatela, no te los lleves.