🔥 Un relato exclusivo de Relaróticos 🔥

Sucedió en mi adolescencia, era todo nuevo para mí , y desperté a los cosquilleos temprano, era único.

Mi primo, menor que yo 3 años, ya tenía tendencias y me buscaba para jugar, a lo que yo accedía sin extrañarme el hecho, hasta que cierto día jugando nos caímos y según él, sin querer, cayó sentado sobre mi, a lo que al sentir sus nalgas rozando mi pene, hizo que se me parara de inmediato.

Avergonzando pero muy asombrado pude ver que él me volteo a ver y fijó su mirada allí, en mi bulto. Esa noche me la pasé toda con el pene parado.

Al otro día me volvió a buscar pero ya solos en mi casa y antes de ir a la escuela, cuando me bañaba, y como familia, sabía entrar sin problema, así que yo no me di cuenta que me veía mientras yo estaba con la verga parada.

Ya cuando lo ví me apenó y me dijo «porque se te paró?» y sin mucho qué hacer atiné y le dije de broma «por ti». Creí se iba a ir pero no, al contrario, acercó su mano y la agarró y me dijo que estaba caliente y luego de eso solo se fue.

Otro día fue y le preguntó a mi mamá por mi; yo estaba haciendo tarea y él dijo que haría la suya conmigo. Cuando se acercó me dijo que le había gustado mucho y me señaló con la mirada mi pene, y vio cómo se paró de volada. Ya no nos importo y yo me la saqué para que él me la agarrase por bajo la mesa y dea partir de allí no me dejaba nunca.

Cuando me bañaba en el descanso una vez hasta se animó a chuparmela y yo le llené la boca con mi leche, hasta que una noche nos quedamos juntos en la cama y nadie se extrañó. Cuando ya todos estaban dormidos, menos él, me acarició y de volada se bajó sus calzones y me repegó sus nalgas y empezó a tratar de metérsela.

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Entonces sentí cómo entró la cabeza en su trasero; él sintió dolor pero no la sacó, al contrario, siguió sumiendo poco a poco cada vez más, y ya una vez dentro empezamos a bombear más y más. Lo admito, fue maravilloso, sentir cómo le llené su trasero de leche.

Al terminar él solito se agachó y me la mamó hasta terminar en su boca. Eran tiempos padrísimos. Lo hicimos en muchos lugares, como cuando íbamos por las tortillas, en el mercado, buscábamos un local vacío y ahí le dábamos.

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