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A mi amigo Rafael lo conocí hace tiempo, cuando ambos éramos maestros de la prepa de Durango, en México. Por aquella entonces él daba clases de música y yo de historia. Él tendría como 55 años unos 20 más que yo. 

Es guapo, sin duda, un tipo corpulento, sin ser gordo, un cabello castaño claro siempre muy bien peinado y supongo que teñido porque no se le asomaba ninguna cana. De cutis rosado de piel muy suave y tersa, no creo que usase cremas, pero eso nunca se sabe… 

Además de dar clases en esa prepa, él tiene una orquesta de música típica con la cual ha viajado por América, Europa y Japón. 

En la prepa tenía fama de que le gustaban los policías y que se volvía loco por los uniformes, desafortunadamente eso nunca lo pude comprobar en los dos o tres años que fuimos compañeros, aunque como siempre platicábamos en la sala de maestros, tampoco era fácil hablar de eso. 

En realidad, si a él le gustaban los militares, no se iba a poner en evidencia conmigo ni con ningún profesor, ya que no éramos parte del grupo de personas de su interés. 

Siempre fue un tipo correcto. Terminó otro año de clases y el director que había en el liceo se despidió de nosotros porque se jubilaba. 

El cargo vacante le fue propuesto a la profesora López que era la que más antiguedad tenía allí. Esta señora no quería dejar la enseñanza y aceptó interinamente por los meses de verano. 

El próximo en la lista era Rafael que como pensaba jubilarse aceptó trabajar el último año como director, pero como tenía que viajar con su orquesta tomaría el cargo en Marzo cuando comenzaran los cursos. 

Todo normal, comenzó otro año, algunos profesores se fueron otros nuevos vinieron, en fin lo que sucede todos los años. 

Rafael delante de todos me decía «Profesor» u «Omar», cuando estábamos a solas me decía «Omarcito» con una forma protectora o paternal dada la diferencias de años que nos separaba. 

En el mes de Agosto, un día terriblemente frío y lluvioso, muchos alumnos faltaron por estar engripados o simplemente prefierieon el calor de sus hogares a venir a un lugar con salones enormes, techos altísimos y algún que otro vidrio roto por los cuales pasaba el viento. 

Mi clase como las otras tenía un número muy reducido de concurrentes. Eran más de las 8 de la noche cuando muchos alumnos me plantearon terminar las clases una hora antes. 

O sea que en vez de salir 21:45 lo hicieran 20:45. Dadas las condiciones del tiempo y la gran ausencia de alumnos decidí ir al escritorio del director a plantearle la propuesta de los alumnos. 

Les di una tarea para que hicieran en mi ausencia y me retiré del aula. 

Los pasillos estaban desiertos. Yo seguí rumbo a la dirección que se encuentra cerca de la puerta de entrada en la que siempre hay un policía de guardia. 

Este policía era nuevo. Era un muchacho normal, del montón, tendría mi edad, unos 30 0 35 años. 

Cuando pasé hacia la dirección no lo vi, pero como hacía mucho frío y él tenía que estar en la puerta, pensé que habría ido al baño o a la cafetería a tomarse un café caliente. 

Entré al escritorio de la secretaría, también estaba vacío, Graciela no estaba allí, pero como a veces se iba más temprano supuse que esa era la causa de su ausencia. 

Oí unos gemidos extraños que provenían de la dirección, como unos golpes y unos gemidos. Me asusté un poco, pero como Graciela no estaba para anunciarme golpeé la puerta y nadie me contestó, seguro que no me habían oído con esos ruidos. 

Empujé la puerta y vi una escena que me dejó paralizado. Sobre el escritorio de bruces estaba el director gimiendo y atrás de él parado estaba el policía con su chaqueta y gorra puestas. El policía agarrado de una nalgas impresionantemente blancas y carnosas empujaba su verga dentro de esa montaña de carne, mientras Rafael gemía. 

— ¡Dale, papi, métemela más adentro, sácala y métela, la quiero toda la siento divina!

Cuado se dieron cuenta de que yo estaba de pie junto a la puerta, no supieron qué hacer, el policía se la sacó, se puso rojo como un tomate y trató de cubrirla con sus manos. 

Rafael seguía sobre el escritorio con el culo hacia arriba, mirándome con los ojos desorbitados y la baba cayéndole por las comisuras de los labios. 

— Disculpen, llegué en mal momento, toqué a la puerta y nadie me contestó por eso entré… 

El policía trataba de levantarse los pantalones mientras Rafael se puso de pie. Pude verle una verga muy rosada como todo su cuerpo rodeada de muy pocos vellos, la tenía semiparada no era muy larga pero sí bastante gruesa. 

— Perdóname Omarcito por el espectáculo que viste, Graciela tiene libre y no se me ocurrió que alguien viniese en horas de clase. 

Al ver que yo lo miraba, se tapó con las manos, mientras sus pantalones estaba a la altura de sus tobillos. 

El policía ya estaba vestido, tartamudeando por los nervios dijo que lo disculparan que se iba a su puesto de guardia. 

— Después hablamos, no te vayas sin hablar conmigo. — Le dijo Rafael y el policía se fue. Rafael me hizo sentar mientras se vestía y me dijo que no tenía excusas para lo que yo había visto. 

Le contesté que a mi no me importaba que lo que hacía con su vida a mi no me incumbía. 

Le hice la propuesta que los alumnos hacían, la aceptó de inmediato. 

— Antes de irte pasa por acá… 

Les avisé a los demás profesores, regresé a mi clase, les comuniqué la buena noticia y todos empezaron a recojer sus cosas y se fueron. 

Los limpiadores también se fueron por orden del director y en esa prepa enorme quedamos el director, el policía y yo. 

Rafael al despedir a los últimos que quedaban cerró la puerta de entrada, que son dos puertas antiguas enormes como de 4 metros de altura, subió las escaleras y se metió en su oficina donde yo lo esperaba. 

— Omarcito, ¿no te gustaría participar de lo que viste hoy?
— ¡Rafael! ¡Qué me estás proponiendo!
— No me vas a negar que nunca te acostaste con un hombre…
— Bueno… este yo… sí lo hice, pero ahora ¡y aquí!
— Sí, podemos aprovechar que cerramos una hora antes y tenemos al guardia…. 
— ¿Qué propones hacer? — le pregunté al director.
– Bueno, tú me interrumpiste en lo mejor, yo estaba casi por gozar con la verga de ese marrano en mi culo, llegaste y la cosa se cortó. No quiero irme sin terminar lo que empecé, el chico no quería, dijo que nunca lo había hecho, pero le ofrecí unos pesos y dijo que le venían bien para sus cinco hijos. 
— Sí, pero el asunto era contigo… 
— No importa le doy unos pesos más y lo disfrutamos los dos. 
— Bueno, pero yo prefiero mirar… — dije yo tímidamente.
– Lo llamo y veremos que pasa. 

El guardia vino hasta la puerta, conversaron un poco, parecía que no quería aceptar, le daría temor o realmente no era bi, solo lo hacía por el dinero. Cualquiera sea la razón él aceptó y entró. 

Rafael se bajó los pantalones, y luego decidió quitárselos. Era muy cómico ver ese cuerpo tan blanco y regordete, se dio vuelta así pude verle las nalgas muy blancas y redondas en toda su plenitud. Caminó hacia el escritorio y se puso en la posición en la cual yo lo había sorprendido un rato antes. 

— Dale, bajate los pantalones y metémela como antes de la interrupción — le dijo al guardia. 

Este medio cohibido lo obedeció, acercó su pija blanda a las nalgas de Rafael y la comenzó a pasarla entre las dos nalgas. 

Yo estaba frente al escritorio, podía verla perfectamente como se abría camino entre esas rollizas nalgas. Veía la cabeza de gran tamaño que se asomaba entre los montículos que formaban sus nalgas. 

— ¡Dale, Omarcito! sácatela y muéstramela!

La verga del guardia iba y venía por ese canal; se notaba mucho que él estaba a disgusto porque no exteriorizaba nada de placer. Comenzó a darle palmada en las nalgas de Rafael, mientras su pija seguía yendo y viniendo cada vez con más furia. 

Ante tantos ruegos por parte de Rafael, accedí ya que se me estaba parando y la saqué por la abertura de mi bragueta. 

El guardia ni se inmutó, como si no hubiese visto nada pero Rafael exclamó: «¡Omarcito! ¿Cómo tenías esa maravilla escondida tantos años! Se me escapó porque ignoraba lo que escondías. Vení acercala a mi boca. 

Comencé a correr el prepucio mientras él veía la cabeza se deleitaba y más me pedía que me acercara. 

Me saqué los pantalones y el slip, me acerqué a su boca él empezó a lamerla hasta que finalmente rodeó con su boca mi glande y empezó a chupar. 

Estaba tan cerca del guardia que desde allí pude ver con más claridad como le crecía cada vez que aparecía y desaparecía la cabeza de mi vista. 

Se escupió en una mano y con ella le ensalivó el agujero y empezó a meterle los dedos. Rafael gemía y más se tragaba el juguete que tenía en su boca. 

El guardia ni me miraba, solamente atendía a su cliente, ya que había sido contratado para metérsela por el culo hasta hacerlo acabar. Supongo que eso era lo que iba a hacer y nada más. Su pija estaba seca, nada de líquido pre-eyaculatorio ni nada. 

Se notaba que el tipo lo hacía de mala gana, que no gozaba nada, solo lo hacía por los pesos que le había prometido Rafael. 

Vi como escupió otra vez, esta vez su saliva cayó directamente en su «cabezona» herramienta y sin pedir permiso la apoyó en el agujero de Rafael y de un solo golpe la metió toda. 

Rafael reculeó un poco y dio un sobresalto, al venir hacia adelante, se atragantó con mi pija porque le llegó hasta la garganta. Tuve que sacarla y dejarlo toser un poco hasta que se le pasara. 

Yo miraba como esa verga, iba y venía de sus entrañas sin ningún tipo de dificultad; no solo lo tenía dilatado por la cogida interrupta de una hora antes sino que se notaba que tenía muchos años de penetraciones y su esfínter estaba muy extendido. 

Nuevamente pude ver esa «cabezona» porque su dueño la sacó en su totalidad, para meterla con más fuerza dándole palmadas en las nalgas con mucha violencia. 

Las nalgas quedaron rojizas por los golpes tan fuertes. 

— AHHHHHhhh……sigue papi, sigue  — y el guardia pegaba más. 

Le ofrecí mi pija para que me la chupara porque ya no aguantaba más. Me había estado pajeando mientras miraba como era golpeado y sentía mucho cosquilleo. 

Ni bien entró en la boca de Rafael empecé a eyacular una buena cantidad la cual no vi porque Rafael se la tragó toda. 

El guardia, la sacó casi toda y la enterró de nuevo dando un: -OHHHHhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh. interminable. 

Rafael tembló, jadeo y se contorsionó pero no pudo gritar porque mi verga se lo impedía. A los pocos segundos vi como el guardia se la sacaba. Estaba toda sucia. Al verla en ese estado hizo un gesto de asco. 

Cuando Rafael se levantó vi que tenía las manos mojadas, había estado pajeándose, mientras le taladraban el culo y tragaba mi leche. 

Se desplomó sobre el sillón giratorio de su escrirtorio y miró la verga del guardia que ya daba señales de desfallecimiento. 

-Vení acercala a mi boca, así no te podés ir. 

Él lo obedeció, Rafael le pasó la lengua y la limpió.  Yo me vestí una vez qu e terminó de «limpiarla». El guardia se subió los pantalones y se fue al baño a lavarse. 

Dijo que no podía llegar a su casa con olor a culo y leche en la pija porque la mujer se daría cuenta y después de que se fue, Rafael me preguntó si la había pasado bien. 

No quise mentirle, la pasé bien pero muy incómodo por ese tipo tan serio e interesado solamente en el dinero que le podía dar el servicio de alquilar su pija. 

Una vez vestidos, el guardia vino a despedirse, los tres bajamos las escaleras, el director cerró la prepa y cada uno tomamos el camino que nos conducía a nuestras casas. 

Al otro día, todo fue normal en la prepa, nadie se imaginará jamás lo que sucedió esa noche de Agosto de 2016. 

El guardia nunca más vino, ni lo vi haciendo guardia en otro lado. ¿Se abrá retirado de su «segundo empleo»? Rafael, me invitó algunas veces a su casa, nunca quise penetrarlo porque tenía un culo muy gordo y estirado. 

Solamente le permití que me la chupara mientras se pajeaba. Hace unos años que no lo veo, pero amigos comunes me contaron del escándalo que hizo en una comisaría. Lo llevaron detenido, no sé por que razón. 

El le protestó al comisario diciéndole que detenían a un ciudadano decente y director de una prepa en vez de a todos esos policías corruptos que cobraban por sus «servicios». 

Casi lo dejaron preso por desacato a una autoridad superior. 

El comisarío lo tuvo que hacer echar de la comisaría, porque quería dar nombres y señales de los que él había «alquilado». 

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