relato-travesti-gay

Eran las dos de la mañana , yo circulaba en mi auto por una avenida conocida del lugar donde vivo. De pronto, al llegar a una esquina con muy poca luz , giré hacia la izquierda y las luces del auto la iluminaron por primera vez a ella. Una morocha, alta , muy bien dotada que sin dudas estaba ofreciendo sexo a cambio de unos pesos…

Sin dudarlo paré, baje el vidrio y luego de cruzar un par de palabras, preguntar «tarifas» e intercambiar picaras sonrisas con ella, la invite a pasar unas horas juntos.-

Fuimos a un bosque muy oscuro un poco alejado del centro de la ciudad donde se suele ir a pasar gratos momentos,nunca mejor apodado aquí como «VILLA CARIÑO».-

Nos pasamos al asiento de atrás y comenzamos a besarnos y a tocarnos todo el cuerpo. Justo en ese momento, en lo mejor de la noche, cuando todo parecía pintar de lujo para mi ella me frena y me dice:

— te diste cuenta ¿no?…
— ¿de qué? — le contesté realmente asombrado.

Ella me tomó de la mano y me la puso en sus genitales…¡Vaya…vaya! ¡Qué sorpresa!

En ese momento no sabía si echarla del auto, si cagarla a trompadas o si romperle el culo por hija de puta. Si, entre sus piernas colgaba una enorme verga que encima por la calentura ya mostraba todas las intenciones de pararse en gran escala. El mundo se me vino encima como una cagada de una paloma gigante, la hermosa morocha que esa noche me había deslumbrado con su figura era un travesti.

Miré para todos lados y me aseguré de que nadie nos viera y le dije: «¿qué hacemos?». Ella se agachó, me desabrochó los pantalones y murmuró:»No es el fin del mundo…» y empezó a chuparme la verga muy profundo.

Luego sacó de su cartera un bote con vaselina, unos condones, se puso en cuatro y me pidió que la cogiera.

Yo realmente estaba muy caliente y no dejaba de ver una mujer delante de mis ojos, tome la crema, le puse un poco en el ano, otro poco en mi verga y empecé con cuidado a querer metérsela por el culo. Era la primera vez que lo hacía.

Debo confesar que me costó un poco, pero al fin lo logré. Toda mi verga en su culito y ella que gritaba y pedía más y más…

Luego, un poco cansado por el movimiento brusco que teníamos, me senté y ella se montó encima mío e introdujo sin problemas mi verga en su culo y empezó a cabalgar en una forma muy violenta. Realmente sentí que le destrozaba el orto de tantos bombazos tan profundos. Ella gritaba como loca y no paraba de moverse.

Ya habíamos terminado, ella estaba sentada al lado mío, yo había prendido un cigarrillo mientras ella acariciaba mi nuca muy sensualmente. Me sentía raro, no sé, nunca lo había hecho con un travesti. Noté que ella también estaba rara.

Le pregunté qué le pasaba y me dijo que todavía estaba caliente y le miré la verga y claro, no había acabado. Sí, tenía el culo destruido pero con la verga bien dura.

Miré nuevamente hacia los cuatro costado con miedo de que alguien nos mirara y me agaché y me metí en la boca todo ese pedazo enorme de carne que le sobresalía entre las piernas.

No me preguntes por qué, solo sé que me agaché y sin dudarlo empecé a chuparle la verga.

Sin darme mucha cuenta, cuando volví a reaccionar ya me encontraba en cuatro patas con mi culito al aire. Ella empezó a pasarme vaselina en mi culito, yo no decía nada y me imaginaba lo que venía. Pensé para dentro «ya estás en la chinga…una más qué le hace ¿no?»

Me dio vuelta de forma brusca, como desesperada y con mucha delicadeza fue introduciendo todo su pene dentro de mi. Yo mudo sin decir más que un quejido por el dolor que eso significaba.

Me dio, me dio y me dio hasta acabar sobre mis nalgas sintiendo yo el correr de su jugo abundante y caliente sobre mi pierna.

Nos vestimos y me pidió que la acercara hasta su «esquina» por que debería seguir trabajando. La llevé hasta el lugar, íbamos mudos los dos , y antes de bajarse del auto me dijo –»ésta es gratis» , y me devolvió el dinero que había pagado yo en un principio. Se bajó del auto y se fue caminando rápido hasta perderse en la oscuridad de la noche.

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