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Mi profesor de filosofía

Al llegar me abrió un señor de unos 60 años, ojos claros barba cana y un cuerpo bastante bien cuidado para su edad, me invitó a pasar y desde el primer momento la charla fue muy amena. En un momento de la platica me confesó que hace unos 15 años había salido del closet, que tenía hijos, pero que se había dado cuenta después de mucho tiempo que le agradaban las caricias masculinas.

Experiencias con maestros

Entonces me decidí y cuando de reojo volteo mi di cuenta que era un profesor del colegio quien al verme me reconoció, se sorprendió y se apenó mucho pero no dijo nada.

El chófer del equipo de fútbol

Un rato estuve dado de trompadas a esos testículos, gordos, cuando me dice «Mejor te enseño a manejar, sube agarra el volante». Yo cerré la puerta mientras él poco a poco me fue bajando la bermuda para empezar a tocarme la rayita y mi ano.

Mi maestro de secundaria

«¿Pero qué tenemos aquí, al niño le gustan los arnés, ok entonces yo seré tu amo?»

El director de mi secundaria

Él se unta crema nuevamente en sus manos, su voz es temblorosa, sin duda alguna por la excitación que tiene.

La rica leche de mi alumno

Las cosas se tornaron un poco calientes, mi pene se empezaba a parar, pero en ese instante cuando seguimos besandonos hice algo que cambiaría todo: le agarré el paquete y ufff vaya que tenía algo, comence a marturbarlo por debajo del pantalon de la escuela (pantalon formal), cuando de repente sonó mi teléfono y erompió el momento.

Uno de mis maestros

Me sentía cautivo de esos encantos y esclavo de sus atributos, mientras me daba algo que me encantaba pensaba por dentro: «qué bien que lo hace, qué bien que me coge, qué larga que la tiene, qué duro que se siente, lo amo”

Dulce venganza

Me quede quieto y se acerca a mi me da un beso en la boca y lo primero que pensé, «como puede hacer eso si tiene hijos y esposa» Inocente al fin.

Mi profe de anatomía

Me quedé totalmente paralizado, su hermoso cuerpo musculoso y con vellos en el pecho, sus grandes brazos velludos, era un hombre perfecto, claro que él notó que me había causado una impresión tremenda, se me caía la cara de vergüenza pero ya había sido muy obvio.

Mi maestro favorito

Así que comenzamos jugar con nuestras lenguas entrelazadas, en ese momento no había nada que nos preocupara, comencé a quitarle la desabotonarle la camisa, poco a poco.

error: ¡Hey! Jálatela, no te los lleves.