Un relato exclusivo de Relaróticos.com

Buenas tardes. Hace tiempo que mi hijo, Roel, y yo vivimos solos, ya que me divorcié de su madre. Hace un par de meses tuvo él una reunión en mi casa con varios amigos, entre ellos está Jair, un amigo de la infancia de él.

Mi hijo ahorita tiene 23 años al igual que Jair, su amigo, mientras que yo tengo 49 años. Esa noche cuando ya estaban sus amigos ahí en la parte trasera de la casa haciendo su cena, fui llamado por mi hijo, para que cenara con ellos.

A Jair yo lo veía como un hijo sin embargo esa noche no se que pasó que lo vi muy diferente, desde el momento que me pasó una servilleta y rozaron nuestras manos, nos vimos a los ojos y solo sonreímos, desde allí hubo una química muy diferente entre nosotros.

Yo me empezaba a poner medio caliente y sentía que él también, y para no caer en tentaciones prohibidas decidí retirarme; ya en mi cuarto, lo veía por la ventana de mi recamara que daba hacia donde se encontraban ellos y lo veía como que me buscaba en algún lugar de la casa, eso me calentaba aún más.

Decidí mejor irme a dar un baño y luego de eso me fui acostar; ya pasada la media noche, mi hijo me avisa que Jair se quedará esa noche a dormir en casa, en la habitación adjunta a la mía y que solo el baño nos separaba, ya que ese baño era para las dos recamaras.

LO MÁS RECIENTE

Pasado un rato y al yo escuchar que mi hijo se fue a su recamara, pude notar que Jair estaba en el baño así que decidí abrí la puerta de mi recamara lentamente para ver qué estaba haciendo.

Lo sorprendí justo cuando se iba a meter a dar un baño, él totalmente desnudo; solamente sonreí y me fui rápido a mi cama, no podía creer lo que había visto y mucho menos que él hubiera dejado que le viera todo.

A los pocos minutos sentí que mi puerta se abría lentamente, y era él que venía totalmente desnudo hacia mi. Yo no supe qué hacer pero entonces vi que traía su pene erecto.

En la oscuridad solo sonreímos y nos dejamos llevar, él con su juventud entregándome su cuerpo y yo, recibiéndolo en mi cama y disfrutándolo. Tomé entonces su bella verga y me la lleve a mi boca, la chupe lo más que pude, hasta que me puse en 4 y empezó a tratar meterla.

Eran casi 19 cm que querían entrar en mi, y luego de varios intentos, ya cuando por fin entró casi toda, empezó a bombear lentamente primero y más rápido después haciendo que el dolor fuera desapareciendo.

Así estuvimos un rato cambiando de posiciones hasta que se vino dentro de mi, me dejo todo inundado por dentro, todo un semental de 23 años que me avienta su leche aquella noche en mi propia casa y con mi hijo al lado.

Habiendo saciado sus ganas, me dio un beso y se retiró a su cuarto mientras que yo me quedé un par de minutos todavía en mi cama disfrutando su recuerdo, para luego levantarme e irme a dar una aseada. Luego de eso regresé a mi cama y dormí un rato.

Ya casi a las 4 de la madrugada sentí de nuevo un ruido en mi cuarto y era él otra vez que venía a buscarme por lo que yo, sin pensarlo dos veces comencé a mamársela en medio de aquella oscuridad. Lo disfrutaba y supongo que él también pues nunca se movió de donde estaba.

Era mucha mi calentura así que yo solo me puse en 4 dando el culo hacia donde estaba él, y él en la inercia empezó a bombear, un mete y saca sabroso; se detenía y seguía, entraba y salía, me disfrutaba mientras yo sentía riquísimo, pues estaba en la gloria con un pene de 19 cm dentro de mi culo, excitado y con los ojos cerrados.

De pronto siento otro pene en mi boca, y fue ahí que abrí los ojos y vi que era Jair. Por supuesto que me asusté y de inmediato volteo hacia atrás de mi para ver quién me estaba cogiendo y ¡oh sorpresa! era mi propio hijo.

No supe qué hacer, solo me dijo, que no me preocupara, que él sabía de mi porque me había visto masturbandome con un juguete y que solo me dedicara a disfrutar el momento y a disfrutarlo a él.

Lejos de darme pena me excité aún más; entonces Jair me saca la verga de su boca, se va hacia atras y mi hijo me la pone para mamársela ahora él, pudiendo ver por primera vez los 20 centímetros que le colgaban entre las piernas a mi hijo y que ahora yo intentaba de meterme completa a la boca.

Así estuvimos hasta que se vino dentro de mi boca y Jair, dentro de mi culo dejándome exhausto y feliz tirado en mi cama. Luego se fueron a su recámara y yo me quedé plasmado de lo que había pasado.

En la mañana siguiente no sabía qué hacer, no podía ver a mi hijo después de lo que había pasada, y para mi sorpresa fue mi hijo quien me buscó y me dijo que no me preocupara, que ya no tenía que usar esos juguetes sexuales, que para eso estaba él ahí. y desde entonces lo hacemos casi todas las noches.

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Publicado en: Gay

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