🔥 Un relato exclusivo de Relaróticos 🔥

Todo comienza un día de octubre. Una gran campeona de ajedrez vino a nuestro instituto a jugar ella contra cinco personas, venciendo en los cinco enfrentamientos. Yo fui una de esas personas que la retaron, y el que más aguantó, con una partida que se alargó hasta que sonó la campana que marcaba el final del recreo.

Aquel enfrentamiento llamó la atención de un chaval del curso siguiente al mío, Álvaro. Al día siguiente decidió retarme a una batalla de ajedrez. Era bastante alto, de piel blanca y con una contextura un poquito gruesa. Tenía el flequillo teñido de azul y un pelo negro azabache muy bonito. Durante esa partida noté varias cosas. Era un fan de Pokémon, por lo de su camiseta y canturreaba una canción de Taylor Swift. Me enamoré casi instantáneamente. Por aquel entonces yo ya era consciente de mi bisexualidad. No supe que él era gay hasta mucho tiempo después.

Rápidamente nos hicimos amigos. En aquel entonces no tenía, a excepción de mi mejor amigo, al que conocía desde primaria. Empecé a pasar todos mis recreos con él. Descubrí que tenía una gran habilidad para el dibujo y los juegos de estrategia, además de en la biología, pero una capacidad algo reducida en todo lo demás. Me complementaba. Perfectamente. También descubrí que le gustaba el Animal Crossing y que se iba a pillar el new horizons cuando saliese. Hablaré de esto más adelante. No obstante, ni siquiera sentíamos nada el uno por el otro. Probablemente por eso ocurrió lo siguiente que voy a decir. Allá por diciembre conocí a las personas más importantes de mi día a día. Mis dos mejores amigas, que en mi día a día hacen que tenga unos motivos para querer salir de mi cama.

Pero, volviendo a Álvaro, realmente me sentí fatal por él. Pronto me di cuenta de que sólo lo había visto como un amigo de repuesto, y para no tener que decirle eso a la cara me distancié de él. Ni siquiera volví a asistir a las clases de ajedrez a las que íbamos juntos. No lo quise volver a ver. Por obvias razones nunca entendió esta actitud mía. Pero pareció respetarla. No me volvió a escribir ni a saludar. Hasta que llegó una cosa que nunca olvidaremos. Evidentemente, la pandemia. Apenas arrancó salió el new horizons, despejando de mi mente todo este tema para volver a jugar al juego de mi infancia en 4k y desde cero. Y todo iba genial. Pero podían ir mejor aún.

Y es aquí donde entra la segunda parte. Álvaro arranz otra vez. Antes de seguir voy a hacer un inciso. Junto con la demo de mayo 2020 de splatoon 2 venía de regalo dos semanas de Nintendo Switch online. Y esto es importante. Apenas dos días después de empezar a jugar la demo de splatoon recibí un mensaje de Álvaro. Diciendo que tenía a mi vecino favorito, Lope y que me lo quería dar sin que yo le diese nada. Ante tal gesto yo solo pude decir que sí. Al final no salió bien.

Desapareció por algún motivo. Pero ese fue solo un pequeño precio a pagar. Aunque aquello no funcionó, y Lope no pudo venir a mi isla, seguimos jugando casi a diario. Y sucedieron cosas. Cosas un poco picantes. Ya durante los viajes a su isla fui dejando pequeñas indirectas, tratando de seducirlo sin saber ni siquiera a donde quería llegar. Pero en una de esas sesiones de juego nos tumbamos en su cama de la serie huevo. Vestidos, pero chocando el uno contra el otro 

 Pero fue cuando regresamos a mi isla para celebrar la falsa llegada de Lope que me quedé estupefacto. Se desnudó, dejando sobre él la ropa interior del monigote del animal crossing, animándome a que lo hiciera también. Tras quedar en calzoncillos nos tumbamos en la cama, chocando el uno contra el otro. Tuve el repentino deseo de hacerlo en la vida real.

Pero había cuarentena. Aún con mi prueba de online agotada seguimos hablando. Pero un día, sin venir a cuento, hice algo que cambió nuestra relación. Para bien. Nunca me sentí muy bien con mi cuerpo, pero por algún motivo amaba tomarme nudes que siempre acababa borrando. Un buen día decidí mandarle un nude para ver cómo reaccionaba. Lejos de molestarse, aquello le gustó y prometió devolverme el favor. No podía creer mi suerte. Llegada la noche, empezamos a sextear.

Dijo que no podía tomarse un selfie desnudo enfrente del espejo (como el mío) pero que si yo quería otra cosa. A decir verdad yo quería ver todo su cuerpo, pero en aquel momento tan solo le pedí una foto polla. Solo quería verla. La primera foto que me mandó no era un nude. Aparecía su cuerpo vestido con un pijama, pero con un gran bulto en los pantalones. Curiosamente, en la zona genital. Quería ver más, me había provocado demasiado y se estaba haciendo de rogar. Pero logré que me la enseñara con una condición. Que se la chupase en cuanto pudiésemos salir de nuestras casas. Creo que se sobreentiende mi respuesta cuando digo que era una polla bastante grande y apetecible.

Desde luego que no tendría reparos en comérmela. Pero… Lo cumplí? La verdad es que no, pero vengo a especular que hubiese pasado si hubiese cumplido. Con mucha fantasía. Sexual. Así soy. Solo las vistas de esa enorme y apetecible polla hicieron que me corriese en cuestión de un par de minutos, entre mensajes sucios que se perdieron en la memoria. Tras eso me dormí. A la mañana siguiente al volver a mirar mi móvil me acordé de lo que había pasado por la noche.

La polla de ese chico me tenía hipnotizado. Medía 20 cm. Y es aquí donde comienza la parte ficticia. Tras apenas un par de semanas en la que no volvimos a intercambiar nudes, pero si hicimos sexting y tonteamos un poco, las normas de restricción del covid se suavizaron. Esto nos permitió quedar. Me llevé la switch aunque no sé ni para qué. Solo quería chingar con él. Habíamos hablado previamente sobre los roles y ambos éramos bastante versátiles. Como un Ditto. Me llevé una sorpresa al volver a ver su cara. Era la misma de siempre pero hacía tiempo que no la veía. En sus nudes no aparecía su cara, supongo que por seguridad Su madre estaba trabajando. No dijo nada acerca de su padre. Tampoco le pregunté. No es que me interesara mucho. Tenía algo entre las piernas que atraía toda mi atención 

 Una vez allí me di cuenta de que no sabía ni por dónde empezar. Me cogió de la mano y me llevó hasta su cuarto, una habitación con una decoración un poco minimalista, pero con mucho encanto y muy bonita. Había un gato en el suelo, durmiendo la siesta. Álvaro simplemente lo movió hacia su camita para que descansara bien y se volteó para mirarme mientras se incorporaba. Nos quedamos mirando durante unos eternos dos segundos hasta que, instintivamente, mis piernas comenzaron a caminar hacia él. Fundí mis labios con los suyos en un tierno beso. Aquel fue el primer beso que di a un hombre. Pero parece que el suyo no, porque besaba de puta madre 

 Mientras el beso se iba volviendo cada vez más apasionado yo introduje mis manos en la parte trasera del pantalón, acariciando sus suaves nalgas. Ambos nos pusimos duros, momento en el cual aproveché para bajarle el short que llevaba, admirando lo bien que le quedaban sus boxers y como se marcaba su erección en ellos. Antes de seguir decidí quitarme yo también los pantalones. Aunque tenía un poco de complejo con su cuerpo, no opuso resistencia cuando le quité la camiseta, dejándolo en ropa interior. De hecho, comenzó a tomar control de la situación, haciendo desaparecer mi camisa y tumbándome en la cama, para ponerse encima de mí y besarme mientras rozaban nuestras erecciones.

Me sentía más horny que nunca. Le aparté y lo senté en la cama, y pareció entender mis intenciones, porque se bajó los boxers inmediatamente, dejándome a la vista su enorme pollón. Le miré sonrojado, como pidiendo permiso y él solo se limitó a sonreír. Debía de estar soñando. Entonces tomé su grueso miembro con una mano y comencé a masturbarlo, mientras lo metía en mi boca. Los gemidos que ya llevaba emitiendo desde hace un rato aumentaron de intensidad, dándome a entender que lo estaba disfrutando intensamente. Lo chupé por un largo rato que pareció un instante y a la vez un año, hasta que me tumbó sobre la cama, para después quitarme la ropa interior.

Ahora estábamos desnudos, uno enfrente del otro. Me hubiese muerto de la vergüenza si no fuese porque aquella sonrisa que traía consigo me volvió a despejar todas las dudas. Rápidamente nos colocamos para hacer un 69. Volví a encontrarme cara a cara con la gran polla de Álvaro y sin vacilar en ningún momento me la volví a meter en la boca. Aquel manjar debía ser alimento de dioses. Mientras tanto empecé a notar como una sensación húmeda y desconocida comenzaba a propagarse por mi miembro. Me lo estaba comiendo.

Tras varios minutos de puro placer llegó el momento del clímax. Sin previo aviso, un líquido blanco y agridulce comenzó a llenar mi boca, provocando mi propio orgasmo. Ambos tragamos el semen del otro sin rechistar. Había cumplido mi promesa, pero ya que había llegado hasta ese punto, quería ir más allá. Pese al orgasmo, nuestras pollas no dejaron de estar erectas. Y sabíamos perfectamente cómo arreglarlo. Se levantó de la cama y de su armario sacó una caja que estaba bien escondida. Al abrirla me di cuenta del por qué. Habían muchas cosas, una caja de condones, un bote de lubricante y una polla de goma, entre otras cosas. Me calenté al ver que el bote estaba por la mitad y la caja de condones no estaba llena. Por lo visto Álvaro tenía experiencia. Sin venir a cuento, se volvió a tumbar en la cama y se puso a cuatro patas, dándome una hermosa vista de su culito.

La tentación me pudo e inmediatamente me planté allí y puse mis manos en sus nalgas. Las abrí de par en par y comencé a lamer su entrada, provocando un sonoro gemido por su parte. Todo su culo olía a jabón, puesto que se acababa de duchar, por lo que me atreví a ir más profundo con mi lengua. Los gemidos que Álvaro emitía eran música para mis oídos. Una vez su entrada se dilató, puse un poco de lubricante en mi miembro para que entrase más fácil.

Olvidando la existencia de los condones en la misma caja y sin poder retenerme mucho más comencé a meter lentamente mi miembro en su estrecho ano. Álvaro gimió en voz alta al notar mi polla entrar en su apretado culito. Esperé un rato antes de empezar a moverme, era también mi primera vez y no sabía cómo hacerlo. Una vez se acostumbró a ese tipo de intromisión empezaron las embestidas.

El chico que tanto había estado deseando durante esas últimas semanas se encontraba a cuatro garras, soltando deliciosos sonidos que me ponían aún más cachondo. Al principio traté de ser delicado, pero el tener a mi tierno follamigo gimiendo mientras lo embestía no ayudó, y empecé a darle duro y rápido, mientras intentaba buscar el punto que lo haría estallar de placer.

Tras varios minutos, Álvaro comenzó a casi gritar del placer cuando encontré finalmente su punto g, lo que, sumado al hecho de que empezó a contraer sus paredes hicieron que terminase dentro de él. Álvaro, sintiendo mi embestida final y cómo mi semen recorría su interior acabó corriéndose en sus sábanas, soltando grandes chorros de un líquido blanco con el que acababa de preñarle. «Hay que repetirlo» … Me desperté sudado. Había tenido otro sueño horny con él. Mierda, lo deseo tanto…

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