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Me reencontré con mi crush en la boda de una amiga en común

No quería correrme aún. Lo levanté y lo empujé a la cama. Le quité el traje, revelando su cuerpo atlético, cubierto de vello oscuro en el pecho y el abdomen.

Para quitarle el frío, llevé a mi casa al migrante venezolano

“Por favor, señor, una monedita para comer. Estoy tratando de llegar a Estados Unidos, pero el frío me está matando”, dijo con voz entrecortada, su aliento formando nubes en el aire.

El hetero que seduje por Whats

Empecé inocente, mandéndole un mensaje por un anuncio suyo de un teléfono viejo: “Oye, carnal, ¿todavía tienes el cel? Soy Ricardo”. Él respondió rápido: “Sí, wey, 1500 pesos, está chido”. Pero vi potencial en esa foto con su uniforme de la tienda, sonriendo con ojos oscuros.

Se la mame a mi mejor amigo en un viaje de amigos

Diego, mi mejor amigo del grupo, también de 20, era similar, pero un poco más suelto: a veces bromeaba con “si fuera maricón, te cogería”, y yo me reía nervioso, pero adentro se me paraba la verga pensando en eso. Éramos inseparables, pero nunca habíamos cruzado la línea. Hasta ese viaje.

Servicio especial en la moto taxi

Entre las imágenes que desfilaban, una captó mi mirada: era la foto de una verga morena, con prepucio, que destacaba por su forma y tonalidad. Sin pensarlo mucho, le di like, un gesto instintivo que no esperaba tuviera consecuencias inmediatas.

El taxista peludo que me reventó mis adentros

El taxista era de unos 35 años, moreno, con camisa desabotonada dejando ver un pecho peludo, brazos gruesos marcados por venas, y una cara de macho alfa con bigote espeso. Olía a sudor del día entero manejando, mezclado con colonia barata y un toque a cerveza tibia que se filtraba desde su aliento.

Así fue pecar con mi papá

Blanco con vellos rizados cintura culo parado y por supuesto una verga de 20 cm con venas, gruesa cómo Pinga de negro pero Blanca y con la cabeza rosada. 

La verga madura de mi vecino me abre el culo

Desde ese instante, me sentí observada. No acosada ni incómoda… sino visible. Como si alguien hubiera encendido una luz sobre mí, y esa luz viniera de él.

Y mi novia pensaba que era 100% heterosexual

Una tarde de sábado el juego se puso interesante. Empezamos a las cuatro y, sin darnos cuenta, ya era de noche. La luz del cuarto era tenue, solo una lámpara de pie y el reflejo azul de la tele apagada. El ambiente estaba cargado de sudor, cerveza y testosterona. Yo iba en un bóxer negro ajustado. Cruz, a mi lado, llevaba uno gris claro que marcaba todo.

En la alberca me cogí a mi primo

Debo aclarar algo importante: nunca había conocido en persona a mi primo paterno, ya que él vivía en Estados Unidos desde que éramos niños. Sus visitas a México eran raras, casi legendarias en las historias que contaban mis tíos, y yo solo lo había visto en fotos familiares descoloridas o en alguna videollamada ocasional.

error: ¡Hey! Jálatela, no te los lleves.