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El chico que me quitó lo virgen

Yo soy un chico nalgón, delgado pero con algo de músculo marcado en los brazos y los hombros gracias a las flexiones que hacía a escondidas en mi habitación. Un buen twink, como dicen en las apps que me pasaba horas mirando por las noches: piel suave, cintura estrecha, cadera ancha y un culo redondo, firme y levantado que siempre me había gustado mirar en el espejo del baño cuando salía de la ducha.

La verdad, siempre me ha gustado mi cuerpo. Me sentía cómodo en él, aunque a veces me daba vergüenza admitirlo. De joven me sentía terriblemente solo. No tenía más amigos de verdad; los pocos que había en la prepa eran superficiales y yo no encajaba del todo. Pasaba las tardes buscando compañía con quien jugar, ya fuera en el celular, en juegos online o simplemente soñando con alguien que me entendiera, que me mirara como yo quería que me miraran.

Alguien que apreciara mis curvas suaves y mi sonrisa tímida.

Por eso, cuando mi mamá me pidió que me encargara de recoger a mi hermana menor de la secundaria, acepté sin dudar. Vivíamos a solo tres cuadras del colegio, así que era fácil. Todos los días, a las 14:30 en punto, caminaba hasta la esquina de siempre con las manos en los bolsillos de mi hoodie oversized, fingiendo que solo estaba ahí de paso. En realidad, me encantaba observar.

Veía llegar a los papás, las mamás, los tíos y hasta algunos hermanos mayores que recogían a los pubertos ruidosos que salían en tropel por la puerta principal. Me había grabado mentalmente a la mayoría de los adultos: el señor calvo del bigote que siempre llegaba en su camioneta roja, la mamá rubia que gritaba el nombre de su hijo desde lejos, el tipo moreno y musculoso que llegaba en moto y siempre olía a cigarro. Conocía sus rutinas, sus caras, sus gestos. Era como un juego secreto mío, una forma de entretenerme y, si soy sincero, de alimentar esa curiosidad que ya empezaba a despertarse en mí hacia los cuerpos masculinos.

Aquella noche todo cambió. Era un viernes de invierno, el cielo ya oscureciendo temprano y un viento frío que hacía que la gente se encogiera dentro de sus chamarras. Yo estaba en mi puesto de siempre, apoyado contra la pared de la tiendita de la esquina, cuando vi que no llegaba el señor de siempre: el papá de mi hermana, ese hombre de unos cuarenta y tantos que siempre aparecía puntual con su maletín.

En su lugar, parado exactamente en la misma esquina donde él solía esperar, había un chico de mi edad. Más o menos dieciocho o diecinueve años, como yo. Y era realmente atractivo. Alto, fácilmente pasaba el metro ochenta, con hombros anchos pero cintura estrecha, y unas nalgas redondas y prominentes que se marcaban perfectamente bajo los jeans oscuros ajustados. Se le notaba un paquete impresionante: el bulto grueso y pesado que se dibujaba en la entrepierna, moviéndose ligeramente cada vez que cambiaba de peso de una pierna a la otra.

Mandíbula marcada, barba incipiente de tres días que le daba un aire de hombre aunque todavía tuviera cara de adolescente, y un cabello largo, negro y liso que le caía sobre los hombros y que él apartaba de vez en cuando con la mano de dedos largos y venosos.

En ese momento sentí como si mi estómago se revolviéramos entero. Un nudo caliente, una mezcla de nervios y excitación que me subió desde el vientre hasta la garganta. Mi corazón empezó a latir tan fuerte que lo sentía en las sienes. Sin pensarlo, me escondí detrás del tronco grueso de un árbol que había sobre la banqueta, asomándome apenas lo suficiente para seguir observándolo sin que me viera.

El corazón me martilleaba. ¿Quién era? ¿Hermano mayor de alguien? ¿Novio de alguna chica del colegio? No importaba. Solo podía mirarlo. La forma en que se metía las manos en los bolsillos traseros, acentuando aún más ese culo nalgón y perfecto. La manera en que su camiseta negra se pegaba un poco al pecho cuando se movía.

El paquete que parecía crecer ligeramente con el frío, marcándose más contra la tela. Me quedé ahí, respirando agitado, sintiendo cómo mi propio cuerpo reaccionaba: un calor traicionero entre las piernas, mis nalgas apretándose por instinto dentro de mis pantalones.

Pasaron los minutos y él seguía ahí, mirando el celular de vez en cuando, mordiéndose el labio inferior con esa mandíbula tan definida. Yo no me movía. Solo observaba, imaginando mil cosas que nunca me había atrevido a imaginar en voz alta. El viento le movía el cabello largo y yo fantaseaba con pasar los dedos por él. Me preguntaba cómo olería de cerca, cómo se sentiría su voz si me hablaba, cómo sería tocar ese paquete que tanto se marcaba.

Mi hermana salió por fin entre el grupo de adolescentes, pero yo apenas la vi. Solo tenía ojos para él. Esa noche, por primera vez en mi vida, supe que ya no estaba solo en mis pensamientos. Algo acababa de despertar dentro de mí, y todo gracias a un desconocido alto, nalgón y con un paquete que no podía dejar de mirar.































Pasaron los días hasta que decidí hablarle, le mentí diciendo que lo conocía de la primaria, el me siguió el juego y empezamos a hablar muy lindo y seductor la verdad. Así estuvimos como un mes hasta que lo invite a mi casa y jugábamos Xbox, play, etc.

Una noche alguien toca la puerta de la casa y era el, estaba lloviendo lo lleve a la cocina y platicamos que lo habían corrido de casa etc.

Yo hablé con mi madre y padre para que lo dejarán quedarse el tiempo que el gustara, aceptaron. (Vivió conmigo 3 años).

Una noche yo me dormí de espaldas a el y sentí como me la arrimo y no sabía cómo actuar, era muy inocente y me dice ya ví que no estás dormido. Se que eres gay, siempre lo supe, desde que me hablaste; tus ojos te delatan, esa noche te brillaban mucho, yo me quedé frío como si no pudiera moverme.

En ello el me abraza y me da un beso en la mejilla, me comentó. ¿Eres virgen?
Sí le respondí. A lo que el me fue diciendo como acomodarme para meterla.

Yo estaba de lado y solo giro mi cadera le excito lo delgado que era y mi cintura.
Inesperado para mí me soltó una nalgada que pensé que despertó a los demás. Y solo se empezó a reír me dijo estás perfecto.

Y empezó a babear mi hoyito yo sentía excitación como nunca. Se babeo su verga, y comenzó a penetrarme, yo sentí un dolor agudo pero rico yo mismo sentí lo estrecho que estaba como su pene llenaba todo mi interior, mi pene babeaba y el de el ni se diga, no ocupamos nunca lubricante, acabó dentro de mí y me dijo dejalos dentro de ti todo el día de mañana yo le dije que no podía cerrar mi ano prendimos la luz y tomó foto de mi ano estaba súper súper abierto como actriz porno, eso me calentó y me dice quieres otra vez? le dije que sí, así estuvimos hasta el amanecer.
Cuando acabamos todas mis piernas y cobijas estaba llenas de semen de el y mío.

Al día siguiente no podía sentarme me dolía mi cuerpo y más mi culo, trataba de no aparentar dolor Pero dormí mucho ese día. Al siguiente día me siguió cogiendo así estuvimos los tres años que vivió conmigo.

Hasta que una noche yo ya no quería porque en verdad mi ano mi hoyito me dolía mucho de tanta sodomía que hacíamos diario. No sabía cómo es que siempre tenía tanto semen. Eran chorros que siempre salían de el. Me excita en la actualidad de solo recordar.

En fin esa noche no quería Pero deseaba y así me forsejeo, me dijo que estaba muy muy excitado y quería dejarme embarazado preñado quería que quedara yo lleno de su semen. Me puso en 4 yo pecho abajo y con el culo arriba y mi ano abierto de las noches anteriores. El la mete y está vez llegó a mi punto G cosa que yo gose como si nadie estuviera en casa y el igual me daba una estocadas que nadie a la actualidad ha podido llegar a darme ese placer.

Hicimos tanto ruido que escuchamos Un ruido de la habitación de mis padres como buscaban el repuesto de llaves, El la saco de golpe y yo gemi porque me dolió y excito y me tapa la boca le dije te veniste me dice como 2 veces y sentí como salía todo el semen yo sin poder levantarme y sin poder apretar por tremenda verga que el tenía, todo el semen que dejó dentro de mi seguía escurriendo, el buscaba en la obscuridad mi pijama y la de el. Cuando abren la puerta el estaba desnudo con la verga más erecta que nunca yo sudado y con el semen escurriendo de mi culo y mi padre nos dió una tremenda regañisa cerró la puerta y se fue emputadicimo, yo seguía pero si excitado aún jajaja mi chico solo me abrazó y nos quedamos dormidos abrazados a la mañana el se fue al Cole. Pasó una semana más y tuvo que regresar a su casa porque mis padres hablaron con el papá de él.
Ya no lo volví a verlo nunca si se de él Pero no me habla.

Después me enteré que el era un gigoló Y se acostaba con todo mundo a cambio de dinero o ropa. Eso explicaba muchas cosas.
En fin. No me arrepiento de nada
































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