... ...

Mi primo me dio mi navidad

Me salí de la pieza y me metí a bañar inmediatamente. Como el baño no tenía puerta, solo una cortina, escucho que el wey llega al baño, me dijo agarrando su pene: «te gustó verdad? si quieres te lo doy» y yo solo le dije que no estuviera jugando y que se saliera del baño.

Por fin me anime a aprovecharme de mi primo dormido

Alejandro desde que llegamos fue muy amable con nosotros ofreciendonos platillos o postres que el hacía, desde la primera vez que lo ví le tenía muchas ganas, pero eran ganas inocentes, ya que a pesar de que sí sabía lo que era el sexo, no era un niño morboso.

La historia (sexual) de mi vida

No se como empezar, pero mis inicios en el mundo gay fueron desde pequeño; recuerdo que una vecina nos cuidaba porque mi mamá trabajaba y mi papá pues nunca estuvo ahí, esta señora tenía varios hijos pero recuerdo a dos especialmente.

El baño prohibido

Las cabinas estaban medio ocupadas, con pisadas apresuradas y chorros de meada resonando contra los urinarios. Me paré en uno, sacando mi verga semidura —unos 18 centímetros, gruesa y con venas marcadas que palpitan cuando estoy excitado—, fingiendo orinar mientras echaba vistazos a los lados.

Me reencontré con mi crush en la boda de una amiga en común

No quería correrme aún. Lo levanté y lo empujé a la cama. Le quité el traje, revelando su cuerpo atlético, cubierto de vello oscuro en el pecho y el abdomen.

Para quitarle el frío, llevé a mi casa al migrante venezolano

“Por favor, señor, una monedita para comer. Estoy tratando de llegar a Estados Unidos, pero el frío me está matando”, dijo con voz entrecortada, su aliento formando nubes en el aire.

El hetero que seduje por Whats

Empecé inocente, mandéndole un mensaje por un anuncio suyo de un teléfono viejo: “Oye, carnal, ¿todavía tienes el cel? Soy Ricardo”. Él respondió rápido: “Sí, wey, 1500 pesos, está chido”. Pero vi potencial en esa foto con su uniforme de la tienda, sonriendo con ojos oscuros.

Se la mame a mi mejor amigo en un viaje de amigos

Diego, mi mejor amigo del grupo, también de 20, era similar, pero un poco más suelto: a veces bromeaba con “si fuera maricón, te cogería”, y yo me reía nervioso, pero adentro se me paraba la verga pensando en eso. Éramos inseparables, pero nunca habíamos cruzado la línea. Hasta ese viaje.

Servicio especial en la moto taxi

Entre las imágenes que desfilaban, una captó mi mirada: era la foto de una verga morena, con prepucio, que destacaba por su forma y tonalidad. Sin pensarlo mucho, le di like, un gesto instintivo que no esperaba tuviera consecuencias inmediatas.

El taxista peludo que me reventó mis adentros

El taxista era de unos 35 años, moreno, con camisa desabotonada dejando ver un pecho peludo, brazos gruesos marcados por venas, y una cara de macho alfa con bigote espeso. Olía a sudor del día entero manejando, mezclado con colonia barata y un toque a cerveza tibia que se filtraba desde su aliento.

error: ¡Hey! Jálatela, no te los lleves.