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Experiencia gay en el metro

Les cuento lo que me pasó hace aproximadamente un mes, durante la época de lluvias intensas en la ciudad, cuando el cielo se ponía gris plomizo y las calles se convertían en ríos improvisados. El aire estaba cargado de esa humedad pegajosa que te hace sudar incluso antes de salir de casa, y el olor a tierra mojada y asfalto húmedo se colaba por todas partes. Como es de costumbre, suelo tomar el metro para regresar a casa después del trabajo, ese bullicio subterráneo que nunca para.

Ese día, iba en la Línea 3, la verde, desde Universidad hacia Indios Verdes. Al principio, el vagón estaba relativamente vacío, con ese zumbido constante de las ruedas sobre las vías y el traqueteo rítmico que te adormece. Me acomodé tranquilamente cerca de una de las puertas, sintiendo el aire acondicionado fresco contra mi piel, revisando mi teléfono para pasar el tiempo, con la pantalla iluminando mi rostro en la penumbra del interior.

Todo iba bien hasta que llegamos a la estación Coyoacán. El andén estaba abarrotado de gente empapada por la tormenta, con paraguas goteando y abrigos húmedos que desprendían un aroma mezcla de lluvia fresca y sudor acumulado. De repente, una multitud entró en tropel, empujando sin piedad, con gritos ahogados y el roce de cuerpos chocando. Era una de esas veces en las que te meten al vagón a la fuerza, aunque ya no quepa un alma más, y el aire se volvió espeso, cargado con el calor corporal de decenas de personas apretujadas.

Con el gentío, quedé pegado contra un tipo que estaba de pie justo detrás de mí. Era alto, como de 1.80 metros, con un cuerpo medio robusto que se notaba firme bajo su camisa casual, ligeramente húmeda por la lluvia, y jeans ajustados que olían faintly a detergente y a esa colonia masculina con notas de madera y cítricos que me invadió las fosas nasales. Su presencia era imponente, y con el metro tan lleno, literalmente quedé presionado contra él, sintiendo el calor irradiando de su pecho contra mi espalda, el roce áspero de su barba incipiente si giraba la cabeza, y el pulso de su respiración cálida rozando mi nuca.

Para darles contexto, hace ya un rato que he adoptado la costumbre de usar ropa interior más provocativa para ir al trabajo, como tangas o jockstraps, para sentirme un poco más libre y emocionado durante el día, con esa tela suave rozando mi piel sensible todo el tiempo. Esa vez, llevaba una tanga amarilla brillante, de tela elástica y sedosa que se adhería a mi cuerpo como una segunda piel, apenas cubriendo lo esencial y dejando una sensación de exposición deliciosa bajo mis pantalones.

Aprovechando la situación de estar tan pegados, el tipo pareció notar mi disposición y empezó a acomodarse sutilmente. Al principio, fue solo un roce accidental, pero pronto sentí su mano grande y callosa deslizándose con disimulo hacia mis nalgas, el tacto áspero de sus dedos contrastando con la suavidad de la tela. Me las agarraba con firmeza, amasándolas con los pulgares en círculos lentos, explorando el contorno de la tanga bajo mis pantalones, enviando ondas de calor y cosquilleo por mi espina dorsal. El contacto era eléctrico, una mezcla de adrenalina y excitación que me recorrió el cuerpo, haciendo que mi pulso se acelerara y mi piel se erizara bajo la ropa, con un leve temblor en las piernas por la intensidad.

Yo iba un poco incómodo porque llevaba mi mochila colgada al hombro, con el peso tirando de mi espalda y el cuero sintético rozando mi brazo, lo que me limitaba los movimientos, pero intenté corresponderle. Traté de alcanzarlo por delante, buscando agarrarle la verga a través de la tela gruesa de sus jeans, sintiendo cómo se endurecía bajo mi toque, cálida y pulsante, con una rigidez que me hizo salivar ligeramente. Sin embargo, no sé si era tímido o simplemente no tan aventado como yo, porque se retraía un poco cada vez que avanzaba, como si dudara entre el deseo y la precaución, su mano deteniéndose por un instante y luego volviendo con más presión.

El metro avanzaba lento por la lluvia torrencial, que golpeaba las ventanas con un tamborileo constante y causaba retrasos en las vías, haciendo que el vagón se balanceara con un crujido metálico. Estuvimos así un buen rato, especialmente al llegar a la estación Zapata, donde el vagón se detuvo más tiempo del normal, con el anuncio distorsionado de la voz grabada resonando en el aire viciado.

Entre que me agarraba las nalgas con más audacia, apretando y separando con las manos, sintiendo sus uñas cortas arañando ligeramente la tela y enviando pinchazos de placer-dolor, y que luego se detenía por unos segundos, mirando alrededor para asegurarse de que nadie nos viera entre el mar de cabezas y el vapor empañando las ventanas, la tensión era palpable. Yo me mordía el labio inferior, saboreando el leve gusto metálico de la sangre por la presión, para no hacer ruido, sintiendo cómo mi propia excitación crecía con cada roce, mi aliento entrecortado mezclándose con el suyo.

El balanceo del metro ayudaba a disimular los movimientos, y el ruido de la gente charlando en murmullos, el pitido de las puertas abriéndose y cerrándose, y el traqueteo de las ruedas cubría cualquier susurro o jadeo ahogado. Finalmente, cuando el metro reanudó la marcha con un tirón brusco que nos pegó aún más, el tipo se animó un poco más, rozando su cadera contra mí de manera intencional, sintiendo la fricción caliente y el bulto prominente presionando contra mi muslo, pero no llegó a más.

Bajé en mi estación con el corazón latiendo fuerte en los oídos, el cuerpo aún temblando de la adrenalina, y un olor persistente a su colonia mezclado con mi propio sudor, recordando cada detalle de ese encuentro casual y cargado de morbo en medio del caos húmedo y ruidoso del transporte público. Fue una de esas experiencias que te dejan pensando en lo impredecible de la vida cotidiana, con los sentidos aún vibrando horas después.




















Para eso frente de mi estaba otro wey igual alto pero gordo y la neta si me gustan gordo jeje, total que se da cuenta que me venía medio manoseando el otro y este igual que me empieza a meter mano, primero de adelanta y yo gustoso dejándome, yo igual empecé a agarrarle el bulto por encima del pantalón. Mientras el seguía metiéndome mano, y con los frenones del metro se iba acomodando más, me empezó a agarrar las nalgas, yo no llevaba cinturon, entonces se me hizo más fácil meter mano, no se si se prendió cuando siento que traía tanga, total qué me empezó a apretar nas la nalgas y metía sus demos entre ellas, jalaba mi tanga pa sentir el roce en mi ano y madres que se prende chido el wey, este si se sacó la verga no era grande pero si gorda, con mi mano apenas podía cerrarla como de unos 13 aprox de largo pero gorda muy rica, ya toda mojada, tenía un rico pellejo, literal estaba lubricando mucho.

Yo esta en la gloria como jugaba con mis nalgas y trataba de dedearme, total que en una de esas que el metro dio un fenon, quien sabe como carajo le hizo pero se paso atrás de mi, que hasta aplasto al otro wey que ya no hizo nada.

Este me jalo hacia el, cuando senti qué me baja el pantalón y no mames me abría la nalgas ya con las dos manos me subí la tanga, total el dándose placer conmigo, yo estaba bien exitado igual.

En eso siento que empieza a restregarme la verga ya toda mojada entre mis nalgas, se sentía rico sentirla toda jugosa, ya cuando siento la puso en la entrada de mi culo y trataba de meterla, era muy rico sentirla, como si tenia algo de panza le costaba pero con la gente que subía y bajaba, y el vaivén del metro. Sentí su cabeza resbalando, como dije estaba gorda su verga no tan larga pero si gorda, dolía un poco, se hecho un poco de salíva en sus dedos y metio dos dentro de mi, yo estaba en extaxis de sentir esos dedos, volvió a colocar su verga en mi entrada y con sus dos manos me abrió las nalgas, pude sentir su cabeza entrando más rico, yo se la apretaba…..

Yo estaba extasiado, sentir esa verga tratando de entrar en mi culo, con ese rico grosor y sobre todo por que estaba ya bien mojada, no tardaría mucho en tenerla toda dentro, sentir como se iva metiendo poco a poco, entre el vainen del metro sólito me iba clavando, estábamos pegados a la escalera roja hasta el final del metro por lo cual solo pocos podían ver, para eso ya estaba otro tipo viendo la escena, eh igual empezó a meterme mano, estábamos en una especia de sandwich, yo ya te tenia mi mochila entre las piernas pa poder disfrutar más.

El segundo tipo me acabo de bajar el pantalón hasta la rodilla para el que gordito me la metiera más a gusto, este último me empezó a tocar la verga, estaba seguro que con un par de sacudida me iba a venir a montones, por lo cual le agarraba la mano, para que no siguiera, mejor le empecé a tocar la verga, esta era más larga, pero no tan gruesa, eso si tenía una rica cabecita que uff daban ganar de mamarla, pero por lo incómodo no me podía mover tanto, solo se la jalaba igual la tenía muy mojada,  ya en eso llegamos a una parada, donde bajo un poco de gente y nos pudimos acomodar más.




















Fue ahí que el que tenia adelante me sujeto las nalgas con ambas manos y las abrió, y con la subida de gente, nos empujaron más, ya con las nalgas abierta y la cabeza del gordo en mi entrada, sentí como la verga del gordo se clavaba toda hasta sentir sus pelos en mis nalgas, fue una sensación muy muy rica, sentirla toda, dentro de mi, repito no la tenía grande pero si gorda, sentir como mi culo se abrio ante su verga, tratar de apretarla en mi interior me puso la piel china, el tipo de enfrente solo abría mis nalgas para que el gordo empezará un vaivén muy rico.

Fue un placer muy rico, tener una verga dentro y agarrando otra, me daban ganas de emlinsrme  para mamártela al otro pero no se pudo.

Al cabo de 5 Minuto de sentir la verga del gordo entrando y saliendo, solo me susurro al oido “quieres leche», eso me puso a mil y  solo asentí con la cabeza y apretando más mi culo, sentí como su verga se inchaba más para dejarme preñado. A la par el de enfrente noto que me iba a venir y me empezó a jalar nuevamente la verga, al sentir la última estocada del gordo mientras se vaciaba igual me vine, por suerte el de enfrente apuntó mi verga a la pared del metro donde quedaron todos mis mecos embarrados, yo igual le seguía jalando la verga y se vino en mi mano.

Cuando el gordo la saco de mi culo, sentí un vacío grande me sentí muy abierto y les juro que si estaba gorda su verga, no la podía cerrar con mi mano, era una verga de eso muy muy rica.

El tipo muy tierno luego de vaciar se dentro de mi, saco un poco de higiénico y me limpio el culo mientras me metía sus dedos qué ya cabían como 3 o 4, igual me paso un poco para limpiarme la mano y verga. Ya como pude me subí el pantalón con la tanga qué quedo toda mojada, y chueca.

Todo esto paso en 8 estaciones de esas veces que agradeces que el metro vaya tan lento. Aunque parezca mentira es un hecho que me paso. Yo baje a la próxima estación el se siguió hasta indios verdes.

En otra acasion lo volvió a topar, pero esa ya es otra historia.

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