Marcos y yo éramos lo que se conoce como “uña y carne” desde que nacimos  pues vivíamos puerta con puerta y pasamos la infancia sin separarnos ni un solo día.

A la misma escuela, a la misma clase, los mismos amigos, nos pelábamos mil veces y al rato ya no había pasado nada. Verdaderamente nos adorábamos.

En la adolescencia seguíamos juntos en cualquier actividad que nuestros padres nos permitían hacer, inglés, natación, fútbol, cine, dibujo… Todo era con el y no entendía que pudiese hacer algo solo si lo podría hacer con mi primo.

El despertar sexual igualmente fue con el y los diferentes juegos de adolescencia del toqueteo, a ver quien la tiene más grande, a ver quien tiene más vello, hasta que empezamos a tocarnos para apagar nuestra necesidad sexual tan brutal a esa edad.

Marcos se encariño mucho con Mónica, una chica de nuestra pandilla que le quitaba ya de pasar tiempo conmigo, lo que me dejó en un mundo desconocido que me permitió conocerme y empezar a preguntarme porqué lo echaba tanto de menos, y mas importante, porque a mi no me atraían las chicas como a él.

A pesar del distanciamiento nos seguíamos viendo a solas para nuestros cada vez menos inocentes juegos que yo cada día disfrutaba mas pidiéndole hacer otras cosas que “nos darían mas gusto”.

A los 16 años en una de esas tardes de aburrimiento que nos quedábamos solos viendo televisión comenzamos nuestros toqueteos juguetones y con su miembro en mi mano lo miré a los ojos para preguntarle si me dejaba que se la chupara como en las películas que habíamos visto con los amigos.

– ¡Eso es de putas José! Me dijo alarmado pero inmóvil.

– Probamos y si no te gusta lo dejo. Realmente tenía muchas ganas de probar la pequeña pero bonita verga de mi primo.

Su gozo fue tal que empujaba mi cabeza para que no saliera de la boca gimiendo y acariciándome metiendo sus dedos entre mi cabello. El placer que mi primo sentía me ponía cada vez más cachondo queriendo levantar la cabeza para verle la cara pero no me dejaba, seguramente le daba vergüenza ver lo que estaba disfrutando con un hombre y su educación conservadora no se lo permitía.

– Ufff, eso si ha estado bueno José. Tuve que parar porque ya me dolía la mandíbula y de los propios nervios cuando haces algo por primera vez mi primo no se corría.

– Tenemos que probar mas cosas Marcos, se pasa muy bien. Yo parecía experimentado en cuestión de sexo respecto a él, pero mi única diferencia con mi primo es que ya empezaba a ver a escondidas películas porno gay en un canal de la televisión por cable que mis padres no sabían ni que existía.

Terminamos en el instituto con altas notas los dos, Marcos ya tenía una relación más que formal con Mónica, la cual era una mas de la familia, y yo ya había aceptado mi homosexualidad totalmente, aunque sólo me atreví a confesárselo a mi primo cuando tuve la certeza y mi propia aceptación.

Decidí no ir a la universidad para entrar en la escuela de arte dramático de mi ciudad, la actuación siempre me fascinaba y pretendía ganarme la vida como actor de teatro. Mi primo no quiso seguir estudiando para entrar a la empresa que mi tío regentaba de muebles de oficina para empezar a tomar las riendas de ella e ir sustituyendo a su padre.

Fue la discusión mas grande que tuvimos nunca, me dolía que no siguiese estudiando una carrera teniendo la posibilidad, pues era un buen estudiante y desde luego mi mayor apoyo para sacarme el bachiller con las notas que lo terminé.

Más de tres meses estuvimos sin apenas vernos por la discusión y se me hicieron eternos hasta que en un bautizo nos juntamos de nuevo como si no hubiese pasado nada. Nos pasamos toda la celebración hablando como si no existiese nadie, parecía que habían pasado años y necesitábamos contarnos esos tres meses de vida perdida separados.

Marcos ya tenía coche y nos fuimos de copas a seguir nuestra recuperada vida a un local gay que yo empezaba a frecuentar, a mi primo no le importó, quería estar conmigo donde fuese.

– Te he echado de menos “enano”. Con su mano sobre mi hombro sus palabras sonaban muy sinceras.

– Y yo a ti “retrasado”. Jamás nos llamábamos por nuestros nombres.

– Hay que recuperar el tiempo perdido. Dijo empinando su ron con cola perdiendo su mirada en el fondo del vaso.

Sonreí cómplicemente pues sabía a que se refería y estuve tentado a preguntar por Mónica pero no quise estropear el momento por si se echaba a perder el rato que tanto ansiaba.

Aparcó en las orillas del río donde un paseo daba a un jardín solitario totalmente oscuro y desierto. Eran las 02:30 de la mañana y paseando no éramos conscientes del peligro que podíamos pasar en aquel lugar tan deshabitado, sólo pensábamos en nosotros y en recuperar el tiempo que habíamos estado separados.

– Marcos, quiero que seas tú quien me penetre la primera vez. Quiero probarlo. Cuando le llamaba por su nombre se ponía en alerta pues sabía que sería algo importante.

– ¿Todavía no lo has hecho? Se sorprendió.

– No, yo si he penetrado pero que me lo hagan a mi me da miedo y quiero que sea con alguien al que le tenga confianza. Le supliqué.

Nos abrazamos antes de llegar al jardín, estábamos deseándolo los dos desde que nos vimos en la celebración y besó mi cabeza en signo de protección.

Sentados en uno de los bancos no paramos de besarnos un buen rato mientras nuestras manos no podían estar quietas tocándonos cuando me senté de espaldas encima de el frotándome contra su miembro mientras mi cuello se retorcía para poder seguir besándolo.

Sus manos bajaron mi pantalón sólo lo necesario para dejar mi trasero al descubierto mientras su lengua seguía navegando en mi boca. Con el dedo fue lubricando delicadamente el orificio mientras ya notaba el rozar de su glande.

– Tienes que relajarte si no va a ser imposible. Me fue dirigiendo como experto, aunque sabía que no lo era.

El dolor fue mi intenso pero no estaba dispuesto a dejar que malograra lo que tanto deseaba y apretando los dientes aguanté el envite hasta llegar al fondo para oír a Marcos gemir de satisfacción mientras sus brazos rodeaban mi cintura y me apretaban junto a el.

Mis movimientos estaban limitados por el dolor que sentía cuando mi primo gimió junto a mi oído y supe que se estaba corriendo.

Es difícil explicar con palabras el escalofrío que me recorrió por todo el cuerpo en ese momento,  sólo se que no me dio tiempo a sacar mi verga del pantalón y eyaculé sin pensarlo dejando una muy llamativa mancha en mis pantalones.

Pasaron los años y nosotros seguíamos viéndonos contadas veces con la excusa de ver partidos de fútbol en televisión, todos terminaban igual, sexo, sexo y mas sexo, hasta que en un encuentro Marcos después de disfrutar tanto como yo soltó la bomba:

– Mónica y yo nos casamos para final de año. Eres al primero que se lo digo, que no se te escape que todavía no lo he dicho a nadie.

– ¿Cómo? ¿Marcos lo has pensado bien?, sólo tienes 22 años, toda la vida por delante. Como siempre dije lo primero que me vino a la mente sin pensar que a mi primo no le sentaría bien.

– José, llevo 9 años con ella, tengo casa, trabajo estable, gano un buen sueldo, ¿a que debo esperar? Se le notaba molesto.

– Pues no se… quizás a tener claros tus sentimientos respecto al sexo. Lo que hacemos cuando nos juntamos no es precisamente rezar.

– Mira José, esto lo hago sólo contigo, no me atraen los hombres, nunca he estado con ninguno, contigo es diferente. Sus explicaciones no me convencían pero tenía que respetarlo.

La última noche antes de su boda Marcos se le notaba distante, como en otro mundo, le ayudé en todo lo que pude, compramos el traje, fuimos mil veces a arreglarlo, a cambiar el chaleco porque no nos convencía a ninguno, organizamos toda la celebración, los invitados… pero mi primo estaba en un paralelo desconocido. Mis esperanzas se alimentaban cada día mas para que se arrepintiese de la decisión que a todas luces yo creía que era equivocada.

– Esta noche voy para tu casa y cenamos, yo llevo la cena, no hagas nada. Marcos aterrizó en nuestro mundo en el momento que me despedí hasta el día siguiente para la boda.

Llegó con comida china y una cara blanca de asustado preocupante, lo achaqué a los nervios de la boda y no hice mucho caso, sólo le invité a que se sentara mientras yo preparaba la mesa.

– ¿Estás bien? ¿La boda asusta verdad? Mi comentario sólo le provocó levantar la mirada con una pequeña sonrisa.

Se levantó y sin dejarme poner los platos en la mesa me abrazó tan fuerte que mi pecho explotaba cuando vi correr las lágrimas por su rostro. Le limpié su llanto besándolo en los ojos intentando tranquilizarlo cuando su boca se dirigió a la mía fundiéndose en un beso abrasador. Me llevó hacia la cama sin parar de besarme ansiosamente hasta llegar y una vez allí me miró a los ojos con una mirada de ternura que lo decía todo me pidió que lo penetrase.

– ¿Marcos estas seguro?

– Por favor, necesito dártelo como despedida. Su voz quebrada me dejó sin habla.

Tendido en la cama bocabajo y conmigo encima mi primo no dejaba de acariciar mi nuca mientras iba lentamente entrando en él todo lo suave que podía, fue algo tan hermoso que no me atrevo a expresarlo de una forma sexual.

Después de haber pasado posiblemente el mejor encuentro sexual de mi vida mi primo y yo, mas tranquilos ya, cenamos recordando toda nuestra amistad desde la infancia, parecía que no nos íbamos a volver a ver, me parecía algo exagerado, no creía que porque se casara dejáramos de vernos y mas viviendo casi al lado, pero mi primo si pensaba que ya se terminarían todos nuestros encuentros en el momento que contrajera matrimonio.

Efectivamente nunca dejamos de vernos, seguimos con nuestros encuentros para ver el “fútbol por televisión” durante toda la vida, soy el padrino de sus dos hermosos hijos, tuve dos parejas estables e innumerables aventuras sexuales y ahora a mis 57 años, sentado en este banco de esta odiosa iglesia donde me obligaron venir para recordar el primer aniversario de la muerte de Marcos por ese maldito cáncer de piel, no puedo mas que reconocer que mi primo fue mi gran amor.

– ¿José te llevamos a casa? Mónica se ofreció cortésmente.

– No mi amor, gracias. No voy para la casa.

Me iba al cementerio a hablar con mi primo como todas las tardes…

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