El aburrimiento de estar un fin de semana sin nada que hacer y sin permiso me llevó a buscar conversación o al menos compañía con cualquiera de los escasos compañeros que quedaban en el cuartel totalmente desolado por la huída de los soldados, o bien de permiso, o bien por su salida de bares por Granada.

Fue difícil pues en un cuartel tan pequeño, hice el servicio militar en pleno centro de la ciudad donde habilitaron un palacio del XIX como sede y un pequeño edificio viejo que adhirieron después como barracón, apenas quedamos unas 15 personas entre soldados, mandos y personal civil de mantenimiento.

El centro financiero de la DIMT2 (así se denominaba) sólo ofrecía como entretenimiento un bar donde la estúpida señora Clara y su marido no daban ningunas ganas de pasar el tiempo allí.

Me voy dónde la caseta de los electricistas o “chipas”, como en nuestro argot los conocíamos, allí siempre suele haber alguien jugando cartas o fumando porros. Me dije a mi mismo como última esperanza de no pasar una tarde realmente cochambrosa.

Conforme llegaba los pequeños ruidos que se apreciaban desde dentro de la caseta me satisficieron… ¡por fin hay alguien para pasar un rato por aquí!

La puerta siempre pasaba abierta por lo que me extrañó no ver a nadie en el almacén, los ruidos venían del pequeño cubículo habilitado como oficina con una simple mesa y sillón sin  reposabrazos que ya estaba destrozado. 

Mi sorpresa fue mayúscula cuando vi a Pepe Couto de espaldas “cabalgando” encima del animal de Gerardo, un chico catalán que era culturista sobrepasado ampliamente de anabolizantes pues estaba exageradamente hinchado y sus músculos estaban a punto de explotar.

Éste le comía los pezones con verdadero vicio mientras sus manos cogían las nalgas del amante incitándolo a no parar de moverse.

Me quedé paralizado delante de la puerta durante un momento ante tan maravilloso espectáculo y no pude evitar quedarme en un lado discretamente viendo el polvo que estaban echando. Sólo había visto el sexo completo en los vídeos porno que tanto consumía con mis amigos, pero nunca al natural, y fue realmente excitante.

Tampoco había consumado nunca el sexo hasta el final, solo unos magreos más o menos intensos y unas mamadas con algún rollo temporal tan miedoso e inexperto como yo. Con 19 años se podría decir que era bastante ignorante con el sexo.

Coincidí en la noche con Couto en la ducha mientras me lavaba los dientes antes de ir a la cama y su sorpresa al verme le dio alegría:

– ¿Dónde te has metido toda la tarde?, Creí que no tenías dinero para salir. Sin mirarme y siguiendo con su ducha su tono se notaba alegre.

– Estuve por aquí, yo si te vi esta tarde pero estabas ocupado. Me atreví a decirle sin pensar.

-¿Cómo?, si he estado toda la tarde en la caseta. Su confusión se torno en pavor.

– Fui allí y estabas con el musculitos pasándotelo en grande. Le dije con una sonrisa complaciente para demostrarle que por mí no pasaba nada.

Su cara cambió de color y su mirada ya no aguantaba la mía…

– ¡Llevar cuidado la próxima vez porque os pueden pillar tío!

Fue la última frase que crucé con él durante tres días, me huía y esquivaba para no cruzarse conmigo, algo que me molestaba pues creí haberle demostrado que por mi no habría ningún problema, todo lo contrario me encantaba saber su secreto, sobre todo porque Couto era con los que no me importaría tener sexo dentro del cuartel.

El jueves me tocó mecanógrafo de guardia lo que es un día totalmente de vida perdido, metido en un cuchitril de cuatro metros cuadrados en uno de los rincones mas olvidados del cuartel donde sólo iba alguien para indicarte que tenías que hacer un escrito para cualquier mando, esto podría ocurrir una o dos veces durante todo el día, el resto tenías que estar allí sin poder salir.

Los pasos por el inicio del pasillo me despertaron del letargo en el que me encontraba, al fin alguien venía con algún encargo y estaría entretenido. La puerta se abrió y vi la cara colorada de Couto, me sobresalté y me levanté para recibirlo rápido pues no estaba permitido que entraran soldados sin un encargo para algún superior, y a Couto jamás se lo encargarían.

– ¿Aburrido no?. Rompió el hielo con algo obvio.

– Ya sabes lo que es esto… Me notó la molestia que tenía con él.

– ¿Perdona vale?

– ¿Por qué?

– Ya sabes, te he estado evitando, me daba vergüenza hablar contigo y sí, me gustan los tíos. De una Couto se atrevió a reconocérmelo.

– ¿Y que? A mi también me gustan y por eso no dejo de hablarte ni de avergonzarme.

Su cara sacó su expresión más sorpresiva y cambió su tono a un modo más amable y agradable.

No era a la primera persona que se lo confesaba pero nada mas decirlo me arrepentí, no quería que fuese algo normal de conversación entre los compañeros cuando caí que el también me lo había confesado y a parte lo pillé en pleno acto, no creo que abriera la boca para delatarme.

– ¿Y que vistes?. Retomó la conversación ya mas distendido.

– Todo lo que tenía que ver.

– ¿Y te gustó?

– ¡Mucho!. Tu cuerpo me gusta desde el principio que llegamos, pero no te iba a decir nada, la indiscreción y llamar la atención no es lo mío.

Su cara volvió a sorprenderse sin antes echarme una sonrisita de regusto pues lo estaba adulando y eso lo agradecía con su tierna mirada de muchacho introvertido que era lo que mas me excitaba de él.

– Además sentí envidia del musculitos, yo quería haber sido el que estuviese en su lugar. Nunca he penetrado a nadie y al ver como la hacías me entraron unas ganas terribles de hacerlo, tuve que masturbarme en los baños. Comenté sonriéndole medio avergonzado

– ¡No te creo! ¿Nunca de verdad?. Se sorprendió abriendo sus ojos enormemente.

– He hecho mis cosas, pero eso nunca y ya tengo ganas la verdad… 

Sentándose sobre mi pierna rodeó mis hombros en plan complaciente y aprovechando de la texitura coloque mi mano en sus nalgas acariciándolas con cariño.

– Eso tenemos que arreglarlo y cuanto antes. Me beso los labios con ternura mientras su mano dirigía la mía desocupada hacia el interior de su mono verde para que tocara su paquete.

Se notaba que yo también le gustaba y ya no pude decir nada, estaba absorto tocando su empalmada polla con toda la paciencia que el momento me permitía y con la otra agarrando cada vez mas duro sus nalgas.

– Aquí no podemos, puede venir alguien, luego hablamos. Se despidió comprobando antes de irse mi erección que ya estaba deseando ser calmada.

A las 22,00 horas en punto terminó mi guardia de mecanógrafo, 24 horas de lo mas aburrido que una persona pueda experimentar, excepto por ese rato de visita con el que Couto me obsequió.

Antes de llegar al edificio que servía de nuestra habitación conjunta siempre había que pasar antes por el tablón de guardias para asegurarte que tu nombre no estaba. Sólo por costumbre pasé a mirar el cartelón para comprobarlo y la sorpresa me la llevé en forma de ¡“Imaginaria” (guardia de instalaciones) esta noche de una a tres de la mañana!.

Como un león fui directo a la oficina del “furriel”, quién ponía los servicios, para pedir explicaciones.

– Furri ¿que mierda pasa?. Acabo de salir de una guardia de mecanógrafo y ¿me pones otra sin descansar?. Mi humor era de autentico perro rabioso.

 Eh niño habla con el “chispas” gallego, él me pidió que os pusiera juntos a esa hora. Os queda una por hacer en ese turno y me ha pedido el favor de que os ponga esta noche a los dos juntos.

Por la rabia de ver mi nombre en ese maldito tablón no me paré a ver quien era mi acompañante de guardia… Couto lo había preparado todo y mi rabia empezó a convertirse en excitación.

Una ducha rápida y a la cama antes de levantarme a media noche era mi pensamiento cruzando el pequeño patio cuando la mirada Couto se cruzó en mi camino.

– ¡No me ha dado tiempo ha decírtelo! ¡El “furri” me acaba de decir que le has echado una bulla terrible!. Su sonrisa ocultaba sus ganas de que llegara la hora.

– Sí, me ha dado lástima, mañana le pido perdón. Algo me inventaré. Es que se me ha ido la olla viendo el poco tiempo que tenía para descansar.

– Verás como merece la pena. Guiño su ojo y se marchó hacia la caseta

A las 00,55 en punto estábamos los dos en el relevo de “imaginaria” recogiendo nuestras armas, una escopeta «Cetme» común en el ejercito por aquellos días y los complementos con municiones. Una pura formalidad para enseñarnos responsabilidad pues realmente las verdaderas guardias del cuartel las hacía la policía militar, verdaderos militares en una palabra.

Tras la primera vuelta por las instalaciones para presentarnos a los mandos ya no había nada que hacer, sólo sestear durante dos horas intentando que no te pillaran durmiendo y Couto me llevó a los interiores del caserío por varios pasillos que nunca había conocido en el cuartel, era normal, mi vida militar se limitaba a una oficina y mi compañero pasaba todo el día de un lado para otro arreglando cosas.

Me parecía todo un laberinto cuando llegamos a un pasillo angosto en el que no podíamos andar los dos al lado dónde en el final se veía un poco de luz que clareaba y dejaba apreciar un poco a la otra persona.

– Deja el “cetme” aquí. Señaló una pequeña hendidura en la pared.

Quitándose los cinturones y tirantes abrió su camisa para lanzarse hacia mí besándome ansiosamente, respondí con igual pasión correspondiéndole con mis manos tocándole todo lo que podía en muy poco tiempo.

Su respiración estaba aún mas acelerada que la mía y bajé directamente a desabrocharle el pantalón sin contemplaciones. Esa hermosa polla que tanto deseaba tocar ahora la tenía delante de mí y sin dudarlo la besé con desesperación chupando de una forma bastante salvaje que Couto tuvo que frenarme con su mano sobre mi frente.

Se dio la vuelta y bajó su pantalón dejando sus nalgas delante de mi cara, echándose hacia atrás aplastó sus nalgas contra mi boca acariciándome la cabeza ofreciéndome que se lo lubricara.

Mi lengua se volvió loca chupando esas nalgotas ricas mordisqueando de vez en cuando y llegando a su ano rápidamente. No sabía que mi lengua podría proporcionar tanto placer hasta que comprobé que mi amante no paraba de gemir silenciosamente presionándome la cabeza pidiéndome mas.

– Levántate y fóllame ahora. Su voz denotaba mucha pasión

Se apoyó contra la pared empinando su trasero bien abierto para que empezara mi trabajo. Su mano cogió mi polla y la colocó en el sitio justo para que comenzara a empujar.

– Despacio primero hasta que entre, después me das fuerte. Jadeando acertó a dirigir mis primeros pasos.

Apenas entró completa y mi cuerpo se fundió con su espalda solté todo lo que llevaba dentro sin poder controlarme. El placer me recorrió todo el cuerpo antes de pedirle perdón por mi precocidad a la hora de correrme.

– Sshhhh, no te preocupes es normal, a mi la primera vez ni me dio tiempo a meterla, estaba tan excitado que en cuanto vi mi polla entrando eyaculé. Descansamos un poco y volvemos a hacerlo, recién corrido duraras mas. 

El descanso se convirtió en un festival de besos durante mas de 15 minutos que me puso de nuevo en acción. Sentados en el suelo mis manos volvieron a entrar en sus pantalones tocando su entrepierna y llegando al agujerito que me volvió loco anteriormente acariciándolo y metiendo mi dedo comprobando que estaba aún lubricado por mi corrida anterior.

Se ladeó bajando de nuevo su pantalón y con cuidado fue entrando de nuevo, aunque esta vez fue mucho mas fácil. El culeo fue infinito debido a mi tardanza y sus gemidos me ponían cada vez mas bruto poniéndolo a “cuatro patas”, posición que le encantó y no paraba de mirarme a los ojos mientras mis huevos chocaban una y otra vez contra sus nalgas.

Levantando sus manos del suelo se hizo hacia atrás y de rodillas estuvimos otro buen rato bombeando, pero esta vez era él el que llevaba el ritmo con su movimiento de caderas, yo me limitaba a masturbar su verga mientras las nalgas no paraban de moverse con mi polla dentro.

La corrida de Couto empapó mi mano de su líquido espeso y caliente dejando su cabeza apoyada sobre mi hombro mientras le besaba dulcemente el lóbulo de su oído.

– Ahora si he aguantado bastante, ¿has disfrutado?. Le pregunté esperando su aprobación.

– Tenemos que repetirlo mañana mismo, me has puesto muy loco y quiero volverlo a hacer. ¿Te ha gustado a ti?, quería que lo pasaras bien la primera vez que follaras.

– Maravilloso Couto ¿mañana a que hora y donde?

– Vente a la hora de comer al almacén, lo hacemos como me pillaste con el musculitos. 

La mirada me dijo que era su forma de pedirme perdón.

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