... ...

¡Me urgía dar las nalgas!

Respondió a mi lengua enseguida. Me la metía hasta el fondo, sintiéndola en lo más profundo de mi garganta, la sacaba para centrarme en el glande, gordo y sabroso, aún con restos de orina que lo hacían más apetecible.

El mirón de las duchas

Javier siempre había estado obsesionado con el sexo. Desde que tenía uso de razón se había visto atraído por las redondeces de las mujeres: sus pechos, sus nalgas…Todo lo que…

error: ¡Hey! Jálatela, no te los lleves.