... ...

Descubriendo mi sexualidad con Don Pedro, mi vecino

Todo comenzaba a cambiar en mi vida, estaba próximo a cumplir doce años la conciencia del sexo, se presentaba más patente. Tenía erecciones terminaban en hermosas pajas con eyaculaciones mínimas. Eso sin embargo no me alcanzaba los juegos con mis compañeros de escuela o amigos siempre insinuaban mucho más de lo que concretaban. Aunque toqueteos y comparación de penes estaban a la orden del día, pero muy poco sabíamos del tema.

Estos juegos sin embargo me dejaban la sensación de que necesitaba algo más activo y menos palabrerío que al fin lo único que hacía era excitarme sin saber por qué. Con esos estímulos me encerraba en el baño, me sentaba sobre el inodoro, tomaba mi pene erecto y me autosatisfacía.
La único que me sacaba de la rutina era charlar de patio a patio con mi vecino Pedro, un hombre que superaba la cincuentena, viudo, padre de dos hijos que ya habían abandonado el nido familiar, de modo que el hombre vivía sólo y también se entretenía conversando con el vecinito, o sea conmigo.
Mi curiosidad de niño no tenía un tópico definido, caminaba por todo el saber humano, o al menos con la parte del saber que más me interesaba, algo de geografía, de historia, de libros y autores, sobre alguna película de las tenía permitido ver y leer.

La confianza de mi familia para con don Pedro era una materia que no tenía discusiones. Conocidos y vecinos de largos años, todos sabían todo, de lo que sucedía en cada familia. Es por ello que muchas veces avisaba a mis padres que don Pedro me necesitaba para que le ayude en alguna tarea.
El tema sexual que me afloraba me dio el impulsó para que un día preguntarle a nuestro vecino algunas cuestiones relacionadas con el sexo. Al principio Pedro me miraba con extrañeza y no estaba muy predispuesto a hablar del tema, solo contestaba con algunos monosílabos o vaguedades.
De todas maneras algunas cosas aprendí, de las relaciones entre adultos. Preguntaba sobre la gestación de niños, sobre las relaciones entre los padres y sobre los órganos sexuales y las razones por las cuales tenía un pitilín tan pequeño y que como iba a engendrar con ello.

Todo ello fue construyendo mi morbo y el de Pedro que cada vez se animaba a más precisiones sobre el tema lo que sin duda me echó luz sobre algo de lo que no se hablaba en mi casa. Me contó acerca de detalles de sexo, las razones por las que las mujeres eran más culonas que los hombres, la función de las tetas. 

Después de esto le pregunté cuan grande era el falo de los hombres, me especificó algunas posibilidades, pero si quieres te muestro el mío, me dijo. Me sorprendí y realmente me surgieron ideas que me conmocionaron un poco, pero acepté.

Estábamos en una despensa llena de anaqueles en donde estábamos ordenando cosas subiendo y bajando por una escalera que se apoyaba a una pared.
– Tócalo- me sugirió.
– Tengo miedo
– No te va a morder 
– Este… no se…
– Vamos – y me tomó la mano y me la llevó hasta su miembro que ya estaba bastante crecido
– ¿Las mujeres aguantan esto?
– Si Damián, están preparadas para recibir al hombre. Los hombres también pueden recibir
– Pero no tenemos lo que tiene ellas
– Pero los hombres lo reciben por la cola.
– Está bien don Pedro. Entiendo pero debe doler
– Puede ser, pero hay muchos hombres que hacen de mujeres. Ahora tienes que ir a tu casa, tus padres me encargaron que no te retenga más allá de las cuatro y ya estamos sobre la hora. Mañana seguimos ordenando esto.
Don Pedro me dio un beso y me despachó a mi casa abriendo la puerta de su jardín que estaba ubicada pegada a la puerta de mi casa.

Los días continuaron tranquilos la conversación de ese lunes no se repitió hasta 15 días después cuando el tema resurgió.
– Don Pedro cómo es eso de que los hombres tienen algo entre ellos
– Ah pues. Hay quienes gustan de personas de su mismo sexo. Tanto hombres como mujeres.
– Ah, el otro día vi dos chicas besándose
– Puede ser por muchos motivos, amistad o porque hace mucho que no se ven, hay mil motivos para ello.
– ¿Cómo sería entre hombres?
– ¿Te gustaría probar?
– No se don Pedro, me da curiosidad pero… ¿Probar? Eso es otra cuestión.
A esta altura de las charlas con el vecino me tenían más que intrigado y él solo interpretó mis pensamientos cada vez más favorables a probar de una vez el significado y lo que se siente siendo partícipe de un acto sexual. 

Hoy tantos años después cada vez que lo pienso, me llegan las oleadas de lo que sentía y de lo que podría significar ser sodomizado por quien a esta altura de las relaciones lo consideraba mi amigo.
De todas formas el tiempo fue pasando, el otoño trajo de vuelta las clases en la escuela, los días más cortos y los fines de semana tratando de entender lo que la maestra en el aula intentaba transmitir. Los años fueron pasando mis ingenuas preguntas también y siempre quedó un tema pendiente concretar algo más que charlas.
Luego de cumplir 18 años conseguí un empleo más o menos digno y los fines de semana siempre Pedro me pedía alguna ayuda y algún dinero me daba a cambio. Un sábado a la tarde Pedro me llamo para que lo ayude en las tareas y muy pronto las sombras del anochecer comenzaron a trocarse en oscuridad, mientras nosotros dentro de la casa acomodábamos y desacomodábamos las cosas que el hombre compraba para luego revender. En esta tarea entramos como tantas veces a la despensa. Allí me subí a la escalera con una caja, cuando de pronto siento que Pedro me toca el culo. Me quede quieto, el lo tomó como que aceptaba la caricia. 

La verdad es que yo me vi sorprendido pero tanta confianza habíamos logrado a través de los años, que acepté el contacto, sin imaginar lo que podría seguir. 
– Que culo que has echado Damián
– ¿Te gusta? Pregunté divertido.
– Me tentó
Me reí, pero me sentía algo excitado por lo que había sucedido. Lo mire entre serio y divertido. 
– ¿Nunca te quedaron ganas de probar como es? 
– La verdad que sí. ¿Pero vos probaste alguna vez? – repregunté
– Si. Tuve algunos encuentros cuando era jovencito. Pero siempre activo y no pienso cambiar. Aseguró leyéndome el pensamiento.
Bajé de las escaleras, puse las manos al costado como resignado. El me tomó la cara me miró muy serio. 
– ¿Vamos a coger? Me preguntó muy serio
– ¡Vamos! – Dije en medio de suspiro
– Vení, entremos

Entramos a la casa, yo caminaba delante hasta que me detuvo. Me tomo de los hombros, me beso la mejilla y empezó a bajar las manos hasta la bragueta de mi pantalón, al tiempo que me apoyaba su tieso miembro en mi culo, que se notaba grande aún a través de la ropa.
Me quede quieto esperando que continúe. Me desabrochó el cinturón y el pantalón, metió la mano por debajo de la cintura del calzoncillo y me sobó la puja y las bolas. Su mano bajo aún mas y me tocó el ano, mientras la otra mano la giraba en torno a mi cintura para tomar uno de mis glúteos, me soltó la mano de adelante y me bajó el calzoncillo.
– Que lindo que sos
– Mmmm (fue toda mi respuesta)

Pronto tuvo la mano recorriendo el interior de mis muslos lo que mandó ondas eléctricas y para facilitarle la tarea abrí mis piernas. Enseguida con uno de sus dedos me acarició mi hoyo, y despacito deslizó un dedo, al interior, yo solo jadeaba y disfrutaba de sus caricias. Terminó de desnudarme, mientras seguía acariciando mis nalgas. Se puso frente a mí, me abrazó, me dio un beso largo y profundo. Nunca imagine que el beso de un hombre me podía elevar al estado de nirvana como el que me dio Pedro.
Después bajó besándome el torso, agarró mi verga y se la llevó a la boca, me lamía el glande, como si fuera un chupetín, lo sostuvo en la boca y dirigió sus manos a mi culo y metió dos dedos, a esta altura, no había nada que me detuviera el deseo y el placer se multiplicaban por mil.
Me soltó la verga, me dio vuelta, me hizo agachar un poco y se entretuvo en chuparme el orto. Yo estaba jadeando y gimiendo como una puta, mientras el se afanaba en que yo siguiera así.
– Queres que te coja. Me preguntó
– Si, pero cuídame
– Tranquilo

Me hizo apoyar las manos sobre la escalera que se día estaba en su habitación, se desnudó por completo y me la puso en la puerta, después de refregármela un ratito, me hizo agachar más, me pidió que me abra los cachetes con las manos y cuando estaba todo dispuesto me empezó a penetrar.
Ay como dolía, pero solo gemía un poco más fuerte esperando ver que más tenía para mí. La sacó, me untó con una crema, luego hizo lo propio con su pija y la volvió a apoyar, con ello se deslizó con facilidad y me sentí como si me hubiera caído sobre un hierro caliente. Se detuvo a medio camino de su verga y la sacó un poco para ir metiéndola más adentro cada vez. A estas alturas el dolor había cedido y la fricción sobre la próstata me había parado la pija como nunca.

Cuando al fin la tuvo toda adentro, sentía sus huevos contra mis nalgas, estuvo quieto hasta que de nuevo empezó a meter y sacar, me la mandaba hasta el fondo, cada vez más rápido y embestía más profundo, hasta que empezó a gemir, al mismo tiempo que sin tocarme eyaculé en abundancia y casi al mismo tiempo sentí que mi culo se llenaba de una cálida y, más que placentera sensación.

Me la dejó metida unos instantes y la empezó a sacar. Yo me agarré de la escalera y me quedé quieto, mientras que sentía muchas ganas de descargar mis intestinos. Pedro me besó en la mejilla y fue a lavarse. Después de que salió fui yo al baño, me senté en el inodoro, y deje que su leche vaya saliendo.
Después de esa vez, hubo muchas más, pero esa es otra historia.

error: ¡Hey! Jálatela, no te los lleves.