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Me mojé viendo a mi jefe bañarse

Ese día llegué temprano al trabajo, aproximadamente 30 minutos antes de la hora de ingreso. Tenía cosas que adelantar para poder cumplir con las asignaciones del mes. Encontré la puerta abierta, mi jefe siempre llegaba más temprano que todo el mundo.

Como era verano y trabajo en un negocio familiar sin muchas reglas, yo iba a la oficina de bermudas y remeras ligeras. Soy un pibe alto, de 1.85 y 90 kg. Soy atletico, robusto y muy velludo.













Pasé directo a la oficina de mi jefe a saludar, para luego ponerme a trabajar. Cuando me asomé, vi que estaba vestido con ropa deportiva y que sudaba mucho, se notaba que había llegado recién de ejercitarse. Él mide 1.80, siempre fue deportista por lo que tiene un cuerpo delicioso y su sonrisa es la muerte. Es todo un bombón.

Luego de saludarme me dijo que se ducharía rápido y que luego se pondría a trabajar; las duchas estaban en el piso de abajo, así que lo ví tomar una toalla y bajar las escaleras.

Me quedé pensando en esa imagen: mi jefe, en ropa deportiva, sudando y camino a la ducha. Me esforcé mucho en no pensar eso para evitar una erección, pero no funcionó.

Así que dejé pasar un par de minutos en lo que me aseguraba que mi jefe estuviera allá en la ducha y con todo el valor, bajé las escaleras hacia donde estaban las regaderas. Al llegar pude escuchar el sonido del agua, saliendo por la regadera.

Sin hacer mucho ruido entre al cuarto de baño que es un espacio grande y la regaderas están solo divididas por un muro que la separa del área de lavabos.

A Mi Jefe le gusta bañarse con agua caliente. Había mucho vapor en toda la habitación, lo que hacía más fácil que pudiera asomarme sin ser visto.

Me agaché y me fui acercando hacia la regadera, así que lo que primero que pude ver fueron sus pies súper bellos grandes muy anchos que de inmediato me pusieron la verga a tope. Mi Jefe era muy velludo y yo nunca lo había notado.

Cuando lo enderece, la mirada, vi esas nalgas peludas riquísimas de Señor, Super varonil, que justo estaba masajeando en lo que se las enjabonaba; él estaba de espaldas a mí, así que pude ver todo su cuerpo a mi antojo. De repente, no sé cómo llevaba sus manos hacia su bulto y empezaba masajear.

Creo que todos nos pasa que mientras nos estamos tallando la verga esta comienza a despertar y es ahí cuando decidimos aprovechar el momento y jalárnos. Al menos eso hizo mi Jefe.

Me estaba dando la espalda, pero podía ver perfectamente cómo se estaba jalando la verga mientras se bañaba. Echaba la cabeza hacia atrás, como disfrutando lo más. Yo ya me había sacado la verga también de mi boxer, para jalármela al mismo tiempo que él. Pensé que no podría haber más, pero entonces llegó mi momento de buena suerte.
































Desde mi escritorio pude escuchar como movían unos papeles y después me llamaba para que le ayudara a buscar algo. Fui un poco distraído hasta su oficina y cuando llegué a la puerta lo ví…
Estaba de pie, junto al escritorio, aún mojado y con una toalla muy pequeña rodeándole la cintura. Era tan pequeña que apenas le cubría. La mayor parte de sus musculosos muslos no alcanzaba a ser tapada por la toalla. Las gotas de agua se escurrían por su torso marcado y con pocos vellos en la zona abdominal y los pectorales.

Lo ví y apenas alcance a decir «vístete», a lo que respondió con una carcajada y me dijo que luego de encontrar el papel que buscaba se iría a secar y vestir. Yo no entendía nada, pero comencé a pensar que me estaba provocando. Cuando me iba a retirar, la toalla se soltó y cayó al suelo. Me sonrojé inmediatamente y comencé a sentir como latía mi entrepierna. Él solo sonreía.

A esta altura yo ya empezaba a sospechar que el papel que buscaba no existía y se había inventado la premura de buscarlo para generar una situación de este tipo. Pero por mi mente pasaban mil cosas, recordaba cada paja que me había hecho pensando en los brazos del jefe, en el trasero redondo y firme que le marcaban los pantalones, en la sonrisa picarona y hermosa, de medio lado que siempre esbozaba.

Mientras todo eso pasaba por mi mente, mi entrepierna se ponía cada vez más dura y comenzaba a notarse. Entre los nervios y la intención de ocultar mi erección, mi primer impulso fue agacharme para recoger la toalla. Cuando me di cuenta, mi jefe se había parado frente a mi.

Ahí lo tenía, con su pene circuncidado de 17 centímetros frente a mi rostro. No pude aguantarme y lo agarré con mi mano y lo acerqué a mi boca para besarlo. Luego lo introduje en mi boca y lo chupé con todas las ganas que tenía acumuladas.

Luego de 15 minutos me detuvo, por un momento pensé que no seguiríamos nuestro encuentro pero me levantó y me acostó sobre el escritorio, me quitó las bermudas y me sacó la ropa interior. Mi verga estaba totalmente erecta y yo jadeaba de excitación. Mi jefe puso mis piernas en sus hombros, se escupió la verga y me comenzó a penetrar. Comenzó muy suavemente, mientras me mordía los labios y luego aumentó la intensidad. Mientras me embestía como un animal, me decía que hacía tiempo tenía ganas de romperme el culo.

Yo solo gemía de placer y disfrutaba ese momento que había ansiado hace tiempo. Luego de un rato, aumentó la intensidad de las embestidas y me acabó adentro.

Finalmente, me dio un beso muy intenso y me mandó a trabajar. Mientras me vestía, lo escuché decirme que quería repetir todos los días, pero en su habitación. Desde ese día hemos repetido a diario y yo trabajo todos los días, feliz, relleno de leche.

Él, con los ojos cerrados y la cabeza hecha hacia atrás se dio la media vuelta y me quedo de frente su bella verga peluda, como dio unos 18 cm con pellejito. Se le estaba jalando como loco. Parecía que estaba en la parte final, y pude ver cómo iba aumentando la velocidad a medida que se acercaba al éxtasis.

Afortunadamente, él seguía con los ojos cerrados sabrá Dios que se estaba imaginando. Yo estaba Full con mi verga súper babeante. Él empezó a gemir un poquito más alto y de repente pude ver como su verga se movía aún más anunciando que iba a venirse. Yo estaba hincado a un lado de él, a medida que no me pudiera ver.

Se la siguió jalando rápidamente, y entonces pude ver cómo doblaban. Los dedos de sus pies, gemía un poco más fuerte y aventaba su leche que cayó regada por toda la bañera, incluso salpicando un poquito delante de mí. Al tiempo que él se vino, yo también dejé vaciar mi leche que cayó toda en mi mano.

Él se relajó medio, abrió los ojos, se dio la media vuelta y sigue bañándose. Yo estuve tentado a lamer del piso sus mecos como la película de Saltburn. Pero me resistí porque ya era mucho riesgo y mejor me puse de pie y salí del baño.

Al cabo de 10 minutos, escucho que suben las escaleras y entran a la oficina de mi jefe; yo seguía adelantando trabajo y tratando de sacarme la imagen de mi jefe de la mente.

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