... ...

Se la mame a mi mejor amigo en un viaje de amigos

Me llamo Alex, tengo 20 años y soy estudiante de ingeniería en la UNAM. Hasta esa escapada con mis carnales a Valle de Bravo, era un closetero total: hetero para el mundo, pero en secreto me pajeaba viendo porno gay, imaginando vergas gruesas en mi boca o rompiéndome el culo.

Diego, mi mejor amigo del grupo, también de 20, era similar, pero un poco más suelto: a veces bromeaba con “si fuera maricón, te cogería”, y yo me reía nervioso, pero adentro se me paraba la verga pensando en eso. Éramos inseparables, pero nunca habíamos cruzado la línea. Hasta ese viaje.

Rentamos una casa vieja y chida en el lago, con ático y todo, para celebrar el fin de semestre. Éramos seis. La primera noche fue cerveza, mota y pláticas de morras, pero Diego y yo nos mirábamos diferente: roces “accidentales” en el sofá, su mano en mi muslo cuando nadie veía, y yo sintiendo cómo se me endurecía la verga bajo los shorts.

El calor de Valle nos tenía sudados, oliendo a sudor fresco y cerveza, y cuando todos se fueron a dormir, Diego me susurró al oído: “Subamos al ático, wey. Necesito hablar contigo a solas”.

Subimos las escaleras crujientes, el ático oscuro y polvoso, con un baño chiquito al fondo que olía a humedad y jabón viejo. Cerramos la puerta, la luz amarillenta de un foco colgante iluminando nuestras caras rojas. “Neta, Alex, no aguanto más. Te he visto mirándome el bulto todo el viaje. ¿Quieres probar?”. Mi corazón latía como tambor, la verga ya dura latiendo contra el short. “Sí, pinche Diego, pero soy virgen en esto. No se lo digas a nadie”. Él sonrió, más seguro que yo: “Yo también, wey, pero me muero por chuparte esa verga que se te marca”.

Me empujó contra la pared fría del baño, besándome con fuerza: su boca caliente, lengua metiéndose en la mía sabiendo a cerveza y saliva dulce. Bajó mi short de un tirón, mi verga de 16 cm saltando libre, dura y goteando precum transparente. “Puta madre, Alex, qué rica verga tienes”. Se arrodilló en el piso sucio, lamió la cabeza: salada por mi sudor del día, chupando despacio, rodeando con la lengua, tragándose la mitad mientras yo gemía bajo “¡Sí, chúpamela, pinche puto!”.

Subía y bajaba, saliva goteando por mi eje venoso, sus manos masajeando mis bolas peludas, oliendo a hombre joven y excitado. Me folló la boca con la lengua mientras chupaba, pero no: yo gemía, empujando sus caderas para que entrara más profundo, sintiendo cómo su garganta apretaba mi cabeza.

No aguanté mucho: “Me vengo, Diego… ¡toma mi leche!”. Eyaculé chorros calientes y espesos directo en su boca, él tragando lo que podía, el resto goteando por su barbilla. Sabía amargo, salado, pero él lo lamió todo, sonriendo: “Rica tu leche, wey. Ahora tú”.

Se paró, bajándose el short: su verga de 17 cm, gruesa y curva, venosa, cabeza morada goteando precum, bolas colgando pesadas. Olía a sudor macho acumulado del viaje, mezclado con el jabón del baño. Me arrodillé, nervioso pero caliente: lamí la cabeza, salada y dulce por el precum, chupando despacio al principio, rodeando con la lengua las venas palpitantes. “Chúpamela toda, pinche maricón closetero”, gruñó, agarrándome el pelo y empujando.

Tragué lo que pude, la mitad entrando en mi garganta, saliva chorreando, mis manos en sus nalgas firmes y sudadas. Subí y bajaba el ritmo, chupando fuerte, sintiendo cómo se hinchaba en mi boca, sus gemidos “¡Sí, Alex! ¡Chúpame como puta!”. Me folló la boca suave al principio, luego más duro, sus bolas chocando contra mi barbilla.

“Me vengo en tu boca, wey… ¡traga mi leche acumulada!”. Eyaculó fuerte: chorros calientes, espesos y abundantes, llenándome la boca hasta rebosar, goteando por mis labios. Tragué lo que pude, amargo y salado, el resto limpiándolo con la lengua de su verga ablandándose.

Nos quedamos jadeando, abrazados en el baño mugroso, oliendo a semen fresco y sudor. “Pinche, Alex, esto cambia todo. Mañana repetimos”. Bajamos disimulando, pero desde entonces, en ese viaje de estudiantes, nos escapábamos cada noche. Salimos del clóset mutuamente, y neta, valió la pena.

error: ¡Hey! Jálatela, no te los lleves.