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Por una apuesta disfruté del hermano de mi amiga

La apuesta en el dominó fue el inicio de todo, y se convirtió en sexo cada vez que podíamos.

Teníamos encuentros planificados, los más comunes eran en la noche ya que el normalmente se quedaba solo porque el resto de su familia se iba a la iglesia hasta pasadas las 9pm.
Yo aprovechaba de ir de visita unas horas antes de que salieran para que no sea sospechoso pero ansiando que llegara la hora.
Cuando se iban, esperábamos un momento y empezábamos a besarnos, tocarnos. Mientras el usaba la computadora que estaba en la sala yo estaba de rodillas en su webo, mamando cada ese trozo de carne grueso y largo, le encantaba provocarme arcadas, y llenerme de saliva

Después de un rato me sentaba en su verga poco a poco hasta acostumbrarme y empezar a saltar como canguro, al principio me dejaba tener el control pero se desesperaba y me tomaba de la cintura y era él quién me ensartaba una y otra vez en su verga, arriba, abajo, arriba, abajo. Sentía que levitaba, cómo su pene casi salía por completo para volverme abrir y entrar completamente de nuevo, el roce cada vez que eso pasaba me provocaba una sensación extraña, cómo ganas de orinar pero salía era precum en cantidad y se sentía extraordinario (es de los pocos por no decir el único qué logra eso en mí)
Después de unos 7 minutos así, me levantaba y me llevaba a la mesa del comedor (grande de madera) y me hacía recostarme en ella, y ahí, piernas abiertas, seguía cogiendome, acá si sacaba todo su webo y me lo volvía a meter de golpe, y me cogía con más intensidad mientras me nalgueba y me decía que era su puta, insultarme era señal que iba o quería acabar porque me empezaba a llamar zorra, puta, maldita y sus embestidas eran más veloces, las nalgadas más fuertes y terminaba llenado el culo de leche.

Y así eran mis noches, terminaba y yo me iba a mí casa
























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