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Los dos chicos más guapos del barrio

Yo era el príncipe de mi barrio, estaba muy próximo a cumplir 18, mi excelente físico bien trabajado en el gym, mi pelo arreglado por estilistas, mis ojos verdes y mi cara bien chula, me hacían ser el líder de mi grupo, cogía las mejores jebitas y siempre era blanco de alagos y piropos, hasta los machos se metían conmigo.

Pero hace unos meses todo cambió. Se mudó a tres puertas de mi casa otro «Adonis», un muchacho de mi misma edad muy parecido a mi, con la diferencia que sus ojos eran azules.
Como en un mismo gallinero, no pueden reinar dos gallos, nos veíamos como rivales, se puso para una chica que yo me había comido y aquello terminó en bronca.

Sin embargo Chandry, que así se llama, fue aceptado por mi grupo, cosa que me molestó más aún. Me alejé por unos días, pero pronto era el cumple de unos de mis amigos y no quise ceder más espacio, decidí ir a la fiesta, aunque coincidiéramos los dos.
Entre tragos y fui conociendo mejor a Chandry, me di cuenta que teníamos muchas cosas en común y fue él quien vino a mí y me propuso ser amigos y olvidarnos de nuestra riña.

Al pasar de los días, Chandry se fue convirtiendo en mi mejor amigo, éramos muy competitivos, pero ahora de forma fraternal, nos retábamos a ver quién cogía más jebitas, éramos rompe corazones, no nos importaba los sentimientos de ellas, lo importante era anotarse un punto más.
Nuestro grupo era muy civilizado, no teníamos complejos de ningún tipo. Incluso uno de nuestros amigos era gay declarado y jugaba con nosotros y hasta le repegabanos el paquete, claro que todo en broma, estábamos muy seguros de nuestra hombría.
En una ocasión, los dos nos pusimos para la misma jebita, como buenos amigos la compartimos y nos la singamos los dos a la vez. Aunque había muy poca iluminación, pude verlo por primera vez totalmente desnudo, moviendo su cuerpo contra la chica y competíamos a ver quién se movía mejor. Fue una experiencia muy emocionante y hasta divertida.
Los del grupo, se enteraron y nos daban «cuero» diciendo que si nos habíamos cogido entre nosotros, que de seguro aunque sea un beso nos habíamos dado.

Chandry les dijo que no, que no tenía por qué mentir, que si me hubiera dado un beso, lo diría sin complejos porque que él estaba muy seguro de sí mismo y un beso no afectaría nuestra hombría.
Entonces el gay nos retó a que nos diéramos un beso y los demás le siguieron la rima.
-Aqui no hay complejos – les dijo Chandry, se acercó a mis labios y me dió un «piquito».
-Pero eso no sé vale, un beso de verdad. – Dijo el gay.
Todos nos miraron y esperaban nuestra reacción, si aceptarianos el reto o si ya ese era nuestro límite.

Les contaba en el primer capítulo, que en mi grupo había aparecido otro chico muy hermoso, parecido a mi, primero fuimos rivales, para después convertirnos en los mejores amigos. Habíamos sido retados por nuestros colegas a darnos un beso y…

Chandry sin pensarlo, me tomó por la cara y me empezó a besar, su lengua se introdujo en mi boca y su rico aliento me embriagó. Durante un minuto, me desconecté del mundo. Los chicos nos tuvieron que separar, diciendo que le habíamos cogido demasiado el gusto. Entre risas, Chandry les dijo: – ya vieron? somos chicos sin complejos. -y apretó fuerte mi puño.
Sin embargo, tuve que esconder mi excitación, era el beso más rico de mi vida. Mi pinga se puso a mil.
El cuero siguió y le preguntaron a Chandry: – Y te gustó besarlo ?
-Claro que si, este chama besa como un ángel, le daría mil besos más, pero lo mío son las jebitas.
Pasaban los días y seguimos siendo los mejores amigos del mundo, cada día queríamos anotar nuevas chicas a nuestro currículo sexual. A veces hasta las intercambiábamos. Pero ese beso me marcó, pues soñaba con Chandry y en ocasiones cuando besaba a una chica imaginaba que lo besaba a él.
Una vez, navegando con las redes contacté con par de «super jebas» eran bailarinas de Tropicana.

Tenían más de 30 años, pero con cuerpos descomunales como de revistas. Logré cuadrar para pasar una noche loca con ellas y me colega. Le conté a Chandry y se puso muy contento.
Hicimos cita en casa de Chandry, una noche de esas que sus padres estaban de viaje muleando. Ellas, al concluir el show del cabaret, vendrían en taxi a su casa. Teníamos todo muy bien cuadrado.

Realmente estábamos llenos de nervios, pues nuestras jebitas siempre eran chicas más o menos de nuestra edad, pero estás eran mujeres con tremenda experiencia. Aunque siempre nuestros cuerpos habían respondido bien, quisimos poner un extra para no fallar, así que nos compramos unas pastillas afrodisíacas (del Yuma) que potenciaría mucho más nuestra virilidad. Habíamos buscado botellas de bebidas buenas, refrescos cola y algunas cosillas para picar. Estábamos en casa de Chandry, ansiosos esperando el momento, cuando faltaba media hora para que las chicas llegaran, nos tomamos las pastillas y comenzamos a beber algo del licor, para relajarnos.

Pero pasaba el tiempo y las chicas no venían. Me decidí a llamarles, pero su respuesta fue fría y tajante: – Chicos, lo sentimos mucho, pero cuadramos con par de yumas que nos van a pagar buen baro, será en otra ocasión, lo sentimos mucho.
Al colgar el teléfono, Chandry exclamó: -! malditas putas!
Rápidamente, nos tiramos contra el plan de emergencia, llamando a algunas de nuestras singantes, pero a esa hora, ya dormían y casi ninguna cogía el teléfono o respondían de mala gana vencidas por el sueño.

Así que Chandry me dijo: – esto es sin lucha, nos tomamos el whisky y luego nos echamos una paja con unas p0rn0s, pues todas las noches no son de fiesta.

Les contaba que las súper jebas, las bailarinas de Tropicana, nos habían dejado quemados. Así que Chandry me había propuesto beber y compartir como buenos colegas y si acaso, nos echaríamos par de pajas, para aliviar el efecto de las pastillas…
-Sirvió, le dije entre risas.
Comenzó a bajar la botella, mientras hablábamos de nuestras experiencias con las jebitas. Ya en más confianza le pregunté: – de verdad que yo beso rico?
Se sonrió y me dijo: -rico no, !riquísimo! Aquel día hasta me paraste la pinga. – y se echó a reír.
Pues tu también besas super rico, a mí también se me paró, pensé que me había vuelto gay.
Se moría de la risa y me dijo: – tú gay? Con la cantidad de bollos que haz partido? Nosotros no seremos gay nunca. Un beso entre colegas no es nada raro. Es más…. quieres otro beso?

Me quedé en silencio, sólo cerré mis ojos y le acerqué mi cara, para volver a sentir sus labios junto a los míos, su tibio aliento, su lengua explorando mi boca, estuvimos así como un minuto y se separó despacio mirando a mis ojos con una tierna sonrisa.
No pude aguantar y lo acerqué a mí con mis manos y volví a coger su boca con más ganas, despertando en mi deseos lujuriosos, estuvimos besándonos por otro minuto más.
Se separó despacio y me dijo muy pícaro: -viste lo que hiciste, mostrandome el bulto que se había levantado en su short. – Hasta me han dado ganas de singarte.
Yo me reí y le dije: -si me quieres singar, te tendrás que dejar coger también, pues yo también estoy encabillado -mientras marcaba mi paquete en el short.

Nos echamos a reír y se puso a jugar de manos conmigo y terminó venciendome y restregando en mi cara su paquete aprisionado dentro de su short.
Sus piernas sobre mis brazos no me permitían defenderme, estaba a su merced y él lo sabía. Yo sólo me reía y él me dijo: – A que te lo meto en la boca ?
Y yo le dije: -Te lo muerdo.

Chandry, sacó su pinga super parada, maciza y parejita, casi toda la cabeza roja fuera del prepucio, en la punta una gota de presemen. Comenzó a moverla y me decía: -mira como tengo el hierro, te lo voy a hacer comer. – yo sólo me reía nervioso. Me empezó a pegar con su pinga en mi cara y me decía «putica». Yo seguía divirtiéndome con su teatro. De pronto me amenazó con pasarme el rabo por la boca y yo hice como que lo iba a morder. Entonces me dijo desafiante: -!muerdela si quieres! Y me puso el tolete en mis labios. El deseo me venció y abrí ligeramente mis labios y pasé la lengua, probé su precum. Abrí mi boca y permití que entrara, escuché un gemido, sus ojos azules me hablaban del placer que sentía. Liberó mis manos y tomé su pinga y le daba una deliciosa mamada. Se recostó en la cama y seguí prendido a su rabo mientras con mi mano empecé a pajearme, pero de repente me dijo:

– Esto no es justo, pues somos colegas.
Pensé que era el fin de ese momento mágico. Pero de pronto veo que se pone en posición 69 y me dice: -no es justo que tú me estés llevando al cielo con tu boca y te tengas que pajear tú sólo.
Me cogió la pinga con sus manos y comenzó a pasar su lengua, para luego sentirla dentro de su boca, me estaba dando la mejor mamada de mi vida. Me acariciaba el vientre y los huevos y yo hacía lo mejor que podía con mi boca, hasta que se separó y me dijo: -espera, que me voy a venir. Se retorció y gimió bien fuerte, soltando el primer lechazo, pero yo me tragué su pinga para que se vaciara en mi boca. Rica y caliente su leche me invadió, me la fui bebiendo poco a poco y luego pasé mi lengua por su vientre, recogiendo hasta la última gota. Le avisé que me venía, pero no se quitó, descargué todo en su boca. Hizo una mueca y una pícara sonrisa, pero se la tragó toda.

Nos quedamos desnudos sobre las cama y nos dimos unos palos de licor, pero nuestras pingas seguían muy duras. En eso se acerca a mí oído y me dijo: – eso de singarnos los dos, iba en serio?

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